5. RECESIONES ECONOMICAS

El activo más grande de toda economía es la tierra, seguido de los edificios, seguido de la infraestructura pública. Entonces, lo que se imaginan las personas que son economías industriales se han mantenido, básicamente, siendo economías basadas en la tierra .
– Michael Hudson, profesor de economía, Universidad de Missouri, Kansas City

¿Por qué algo tan básico como la tierra sigue siendo importante en nuestro mundo tecnológicamente avanzado? Después de todo, las naciones desarrolladas  tienen incluso prósperas economías de Internet, donde la riqueza se crea virtualmente, sin embargo conduce a beneficios tangibles en el mundo material. Empresas como Google no parecen utilizar grandes cantidades de tierra en la gran mayoría de sus transacciones comerciales. O ¿sí?

Con el fin de entender por qué la tierra sigue siendo esencial en la economía actual, tenemos que recordar que la tierra es el mecanismo de acceso por el cual las personas y las empresas se benefician de la riqueza social. Los conglomerados de Internet, por ejemplo, se benefician de la mano de obra de trabajadores altamente cualificados que viven en los barrios que rodean sus centrales de oficinas; ellos también se benefician de grandes infraestructuras tecnológicas creadas durante décadas por un sinnúmero de personas y empresas, todos las cuales agregan valor a la tierra. Estos beneficios son accesibles según la ubicación, que es en gran parte el por qué de que Google fuese capaz

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de convertirse en una de las compañías más exitosas en el mundo: Su éxito tiene que ser colocado en el contexto de la sociedad en la que existe. Si Google hubiese sido fundada en una nación en vías de desarrollo que careciese de una fuerza de trabajo altamente capacitada y que carecieres de las sofisticadas infraestructuras de capital, su éxito habría sido menos probable.

MEDIA 5- 1: ENSAYO de BILL MOYERS :

LOS ESTADOS UNIDOS DE LA DESIGUALDAD

En el Silicon Valley californiano, Facebook, Google y Apple acuñan millonarios, mientras que personas sin hogar de la zona están viviendo en tiendas de campaña a la puerta de sus “virtuales casas“.

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Ahora echemos un vistazo a lo que sucede cuando una sociedad experimenta una recesión económica o depresión. En una recesión económica o depresión, parece que hay una menor demanda de productos que antes tenían una mayor demanda, aunque este no es realmente el caso: los mismos deseos humanos que estimularon la demanda antes, continúan existiendo sin cesar, pero ahora ya no se pueden satisfacer- así que técnicamente aún existe la misma demanda que antes. Lo que nos falta son los mismos medios para cumplir con esa demanda. Esto causa que  la actividad económica se contraiga, y esto puede conducir a la constricción económica, a las recesiones y depresiones.

En una recesión o depresión, los trabajadores desempleados permanecen dispuestos a trabajar para que puedan darse el lujo de comprar las cosas que siguen deseando. Y aquí radica el

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quid de la cuestión, el gran enigma con el que los economistas han luchado  durante siglos: Puesto que existe una demanda continua de productos y dado que la gente tiene un deseo continuo de trabajar y producir, ¿por qué es que la gente no puede producir los bienes y servicios que otras personas quieren comprar pero no pueden?

Muchos economistas apuntan a una constricción en el suministro de dinero como la causa de la incapacidad de una sociedad para consumir. Pero esta conclusión es el equivalente económico de poner el carro delante de los bueyes, porque la creación de la riqueza siempre debe preceder a la disponibilidad del dinero, puesto que el dinero sólo funciona como un medio en el intercambio de la riqueza. En otras palabras, no es fundamentalmente la falta de dinero lo que crea  la contracción económica, sino más bien una falta de producción de riqueza. Por ejemplo, cuando una fábrica solitaria en un pequeño pueblo se cierra, el pueblo experimenta a menudo una depresión económica porque la comunidad ya no tiene la misma capacidad de producir riqueza que antes; los trabajadores despedidos de la fábrica y sus familias gastan, por tanto, menos. Cuando la demanda de bienes no puede ser satisfecha debido a lo que parece ser una escasez de dinero, estamos hablando de hecho de una restricción de la producción de riqueza en alguna parte del ciclo económico, que a su vez conduce a una eventual reducción de la oferta de dinero (a menos que sea inflado de otro modo, como por decreto del banco central).

Los economistas hablan mucho sobre la necesidad de una economía de consumo (como si el consumo por sí solo fuese el propósito de la vida, el fín de toda felicidad y bienaventuranza). Sin embargo, pocos economistas se dan cuenta de que no podemos tener una economía de consumo si la gente

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no puede permitirse consumir, y la única manera en que pueden permitirse consumir a largo plazo es si crean nueva riqueza ya sea para consumir en ese momento o para aplazar inversiones para un consumo posterior. Dicho en pocas palabras, la mejor manera de tener una economía funcional es concentrarse en tener una economía productora de riqueza. Pero cuando la riqueza no puede ser creada a pesar de ser necesitada, la producción de riqueza ha sido artificialmente limitada, y esta limitación artificial es la causa fundamental de las recesiones empresariales y económicas.

Como recordamos, hay tres factores implicados en la producción de la riqueza: la naturaleza, el trabajo humano y los bienes de capital. Una sociedad en plena recesión tiene un montón de trabajadores parados de sobra, por lo que la falta de trabajo humano no es el factor de constricción. Y aunque a menudo se afirma que la causa fundamental de la disminución de producción de la riqueza es la falta de dinero (que conduce a la falta de acceso a los bienes de capital), la falta de dinero es sólo el efecto de una disfunción subyacente más profunda. Por ejemplo, los recientes intentos de sanar la económica depremida de los Estados Unidos a través de aumentos en la oferta de dinero han demostrado que tales incrementos no resuelven necesariamente los asuntos en cuestión, excepto para desviar más dinero hacia las manos de los que ya parecen tener un montón de sobra.

Por lo tanto, ¿podría ser que el alto coste de la tierra limite el funcionamiento óptimo de la economía? Debido a que el coste de la tierra -y por lo tanto el coste de la ubicación- afecta directamente las habilidades de las personas para interactuar y conectarse entre sí en el contexto de la sociedad, el precio caro de la tierra tiene

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consecuencias que reverberan a través de toda la economía y conducirán inevitablemente a la restricción en la producción de la riqueza en toda la sociedad.

En 1983, el economista británico Fred Harrison publicó su libro fundacional El poder en la Tierra, en el que analizó la historia económica de Gran Bretaña desde 1701 y señaló que los precios de las propiedades -impulsados por aumentos en los valores subyacentes de la tierra- tendían a amoldarse a ciclos de boom y crash de aproximadamente cada dieciocho años. (20) Descubrió que estos ciclos, a su vez, afectan al ciclo económico, y no a la inversa. En un artículo de 2007 en MoneyWeek, Harrison hizo la pregunta retórica de ¿por qué muchos así llamados “expertos” no han sido capaces de predecir con exactitud la tendencia del mercado de la vivienda: “¿Por qué estos “expertos” no dan una? Es porque están trabajando con modelos defectuosos, que asumen que la salud del mercado de la propiedad depende de la condición del resto de la economía. De hecho, mi investigación sugiere que la propiedad es el factor clave que determina el ciclo económico, y no al contrario. ” (21)

Harrison explica en El poder en la Tierra cómo los valores de la tierra con el tiempo se vuelven tan caros que muy poca riqueza queda disponible para pagar por los bienes y servicios. La razón por la que la tierra se vuelve demasiado cara demasiado rápido es porque la especulación del sector inmobiliario permite a los propietarios exigir precios de la tierra que son más altos que lo que la economía puede sostener de modo realista. En cierto sentido, los propietarios tienen la posibilidad de exigir hoy los resultados de la riqueza del mañana,

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porque ellos tienen el poder de retener las tierras de ser usadas y disfrutadas por el público a la espera de futuras ganancias. Este proceso crea una constricción artificial en el suministro de tierra, lo que hace que el precio de la tierra aumente a una tasa que la economía no puede sostener. Pero dado que la gente no puede renunciar a la subsistencia básica, la tierra con el tiempo se vuelve inaccesible y el precio de la tierra se contrae simplemente porque tiene que hacerlo. Al mismo tiempo, las empresas ya no son capaces de obtener beneficios tras pagar alquileres e hipotecas: la producción se detiene mientras que el consumo cae y una depresión se produce. Con el tiempo, una vez que los salarios se han recuperado lo suficiente, se inicia un nuevo ciclo y todo el proceso comienza de nuevo: el valor de la tierra aumenta hasta llegar finalmente a un punto en el que crece tanto que a continuación se contrae por la fuerza una vez más, lo que conduce a otra depresión, y así sucesivamente.

Estos grandes ciclos económicos suceden cada dieciocho años de media, y son  interrumpidos generalmente, por una sola y breve recesión. De acuerdo con Harrison, el ciclo de la propiedad en general, se somete a catorce años de recuperación: Los primeros siete años son una etapa de recuperación del crash anterior seguidos de una fase de boom de siete años que sobreviene. Esta fase de auge incluye dos años de escalada acelerada en los precios inmobiliarios hacia el final, y es seguida inevitablemente por una severa corrección de precios que dura entre tres y cinco años. (22) Las observaciones de Harrison fueron tan correctas sucesivamente que pasó a la historia por predecir con precisión en el tiempo, no sólo la depresión de 1.992, sino la depresión global de 2008-2010 ya

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en 1997, once años antes de que la depresión ocurriese: (23)

El boom inmobiliario de 2000 vendrá como un shock para Gordon Brown [quien fue el canciller de Gran Bretaña, Ministro de Hacienda de la época, y más tarde, en 2007, se convirtió en el primer ministro de Gran Bretaña], que, si él sigue siendo el que presida la Tesorería de Gran Bretaña en la primera década del milenio, será. . . traumatizado políticamente por las inmerecidas ganancias astronómicas devengadas de la tierra que se embolsarán los operadores astutos que saben cómo manipular el sistema tributario. . . . La consecuencia es previsible. En 2007 Gran Bretaña y la mayoría de las otras economías industrialmente avanzadas estarán en medio de una actividad frenética en el mercado de la tierra igual a la ocurrida en 1988/9. Los precios de la Tierra estarán cerca de su máximo de 18 años, impulsados por un tasa de crecimiento exponencial, al borde del colapso que va a presagiar la depresión mundial de 2010. Los dos eventos no serán una coincidencia: el pico del precio del suelo no sólo señala la recesión que se avecina sino que es la causa principal de la misma.

Fred E. Foldvary es otro destacado economista que también publicó sus predicciones oportunas de la depresión de 2008- 2010 ya en 1997:

“El ciclo de 18 años en los EE.UU. y ciclos similares en otros países da a esta teoría del ciclo capacidad de predicción: el próximo gran auge, 18 años después la recesión de 1990 será de alrededor de 2008, si no hubiera

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interrupción importante alguna, tal como una guerra mundial.” (24)

Y continúa explicando con más detalle cómo la especulación con el suelo crea las depresiones económicas:

Cuando un auge (boom) está en marcha, el aumento anticipado en rentas induce a los especuladores a comprar tierras por la apreciación del lugar en vez de para darle uso presente a la tierra, lo que provoca que el valor del sitio actual se eleve por encima del garantizado por el uso actual. Una vez que la especulación generalizada se establece, el valor de la tierra se lleva más allá del punto en el que las empresas pueden obtener un beneficio después de haber pagado el alquiler o las hipotecas. La tasa de aumento de la inversión se ralentiza, lo que reduce eventualmente la demanda agregada a medida que la desaceleración ondula a través de la economía, aumentando el desempleo y estableciendo una depresión. Así, una caída de la demanda sigue la causa inicial que es el aumento del coste de la tierra.

Una de las características clave de la ciencia es la previsibilidad: Si no podemos hacer predicciones precisas, el modelo que estamos utilizando es defectuoso. Si, por el contrario, podemos tener una idea general de los resultados basados ​​en un patrón predecible, entonces nuestro modelo económico merece una mirada más de cerca. Al igual que un profeta dibujando tanto desde su experiencia científica como de su percepción intuitiva, Foldvary emitió otra advertencia en un artículo que publicó en Marzo de 2012 titulado “La depresión de 2026”: (25)

Si las crisis [de fuera de la economía de EE.UU.] no interrumpen el ciclo, el estructuras  fiscal y monetaria profundas

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de la economía de EE.UU., que no han cambiado en 200 años, generarán el próximo auge y el crack del mismo modo que lo han hecho en el pasado. Pero el Crash de 2026 será mucho peor que el de 2008, debido a que el gobierno de EE.UU. continúa con su déficit de trillón de dólares  anuales, por lo que en 2024 la deuda de los EE.UU.  habrá crecido tanto que los bonos de Estados Unidos ya no se considerarán seguros, y en la crisis financiera, los EE.UU. ya no serán capaces de pedir prestado los fondos necesarios para rescatar a las empresas financieras. Los estadounidenses todavía tienen tiempo para evitar el próximo gran boom y caída, pero están  culturalmente atados al status quo, al igual que casi todos los economistas, por lo que las advertencias serán desoídas como lo fueron durante la años 1990 y 2000. Ahora estamos río arriba, pero dirigiéndonos río abajo sin retorno hacia la cascada de los bienes raíces y financieros de 2024- 2026.

¿Sucederá? Fuertes tendencias parecen movernos en esta dirección. Por desgracia, muchos políticos hoy –y los propietarios atados a caras hipotecas- quieren que sus propiedades se encarezcan con el fin de ayudar a la economía a salir de la recesión. Lo que mucha gente todavía no se da cuenta es que el valor de la tierra es mejor si se comparte, y que cada vez que nos beneficiamos de la tierra, nos estamos beneficiando a expensas de la sociedad. Los pueblos indígenas han sabido por mucho tiempo esta antigua y atemporal sabiduría, por supuesto, pero nosotros la hemos olvidado. El Jefe Crowfoot de la Primera Nación Siksika en el sur de Alberta, Canadá, por ejemplo, nos recuerda: “Siempre y cuando el sol brille y

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las aguas fluyan, esta tierra estará aquí para dar vida a los hombres y animales. No podemos vender la vida de hombres y animales. La tierra fue puesta aquí por el Gran Espíritu y no podemos venderla porque no nos pertenece.” (26) Nosotros, en el edad moderna hemos olvidado esta simple verdad; nuestra economía entera se basa en la presunción de que la naturaleza es propiedad. El siguiente ciclo de negocio se desarrollará antes de que nos demos ni cuenta, y no pasará mucho tiempo antes de que tengamos que hacer frente a la siguiente gran depresión y el inmenso  impacto personal que nuestro aprovechamiento continuo de la tierra tendrá sobre nuestras vidas.

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