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Lidiando con la ansiedad

6887534032_a35de4dab9Al hilo de un comentario que nos hacen en otra entrada:

Respecto de la ansiedad, que es algo que a la mayoría nos afecta en algunos momentos de nuestras vidas hay quizás cinco cosas importantes que reseñar:

1. Una investigación propia al respecto de cuales son los detonantes de la ansiedad, es decir, cuales son las situaciones que “activan” los episodios de ansiedad y aprender a detectar posibles patrones para poder ponerles solución conscientemente, es decir, poder interferir en la realidad para cambiar lo que tenga la tendencia de detonar nuestra ansiedad. También puede ayudar estudiar lo que la ansiedad es y entender su función biológica: http://es.wikipedia.org/wiki/Ansiedad

2. La meditación entendida como espacios de tiempo deliberadamente dedicados a estar en contacto con nuestras sensaciones corporales, con los ojos cerrados y en proceso de profundizar en nuestro sentir perceptivo conectados con la realidad física, emocional, mental y trascendental del momento presente. Si se hace justo después de hacer ejercicio físico es más fácil y el contraste entre actividad y pasividad ayuda a profundizar mejor en las sensaciones físicas que se tienen en meditación.

3. La alimentación juega un papel fundamental en el equilibrio emocional. La retirada de azúcares, harinas y reducir el exceso de carbohidratos puede propiciar al reequilibrio del cuerpo y resultar en una mejoría importante de los estados anímicos. También por el mero hecho de retirar las azucares, las harinas y cualquier alimento excitante (café, té, chocolate,etc) ayuda a regular los niveles de cortisol y aumenta la capacidad de resistir con éxito situaciones que anteriormente detonaban una intensa ansiedad o directamente nos puede ayudar a no tener más episodios de ansiedad.

4. El ejercicio físico ayuda al cuerpo a autoregularse y es una herramienta eficaz para hacer frente a la ansiedad.

5. Introducir deliberadamente durante la respiración tiempos de retención del aire y aumentando el periodo de exhalación, ayuda a activar el nervio vago que a su vez fomenta el reequilibrio glandular y hormonal del cuerpo impactando fuertemente en los estados de ánimo, dejando al cuerpo y al sistema emocional en una mucho mejor situación frente a una eventual vuelta de la ansiedad.

¡Esperamos que os sea de utilidad!

Caroline y Marko




Cómo gestionar conflictos de pareja

Este es uno de esos temas que probablemente no desaparezca mientras el mundo sea mundo.

Aquí van unas cuantas premisas a tener en cuenta antes de entrar en el tema:

El enunciado del post habla sobre gestión de conflictos de pareja pero, paradójicamente, lo primero que hay que tener claro es: ¿Existe un conflicto de pareja o lo que hay es un conflicto a nivel individual que es extrapolado a la pareja?

A menudo ocurre que un miembro de la pareja se ha visto “detonado” por comportamientos, formas, tonos de voz o gestos del otro que le evocan a papá o a mamá, haciendo que su emocionalidad se altere. Eso pertenece al espectro de la gestión individual del conflicto y con ello hay que saber lidiar previamente y a solas para que luego, una vez abordando el conflicto en pareja, no haya posteriormente necesidad ni de insultos, ni humillaciones ni reacciones emocionales desbordadas.

Si estamos ya en la fase en la que verdaderamente hay un conflicto entre dos adultos, y no dos adultos poseídos por sus impresiones de la infancia, entonces podemos pasar al conflicto en cuestión. A menudo para llegar a esta fase hace falta bastante tiempo.

¿Sabemos qué problema estamos tratando? a veces sucede que una pareja no está discutiendo por lo mismo. Es importante dejar claro el tema fuente del conflicto de antemano, por si acaso.

Una vez sabemos que estamos discutiendo por lo mismo, es muy útil dejar claro el grado real de voluntad que hay en el momento para resolver el conflicto. Basta con preguntar abiertamente: ¿Queremos resolver este problema, ahora? Una respuesta honesta es imprescindible para empezar con buen pie. Es posible que no sea el mejor momento para resolver el conflicto y sea más apropiado dejar su resolución para un momento más propicio.

Todos los implicados en el conflicto, todas las partes, han de hacer un esfuerzo por mantenerse centrados en los hechos, atenerse a lo objetivo y no dejarse llevar por su percepción subjetiva personal. Al mismo tiempo ser capaces de comunicar tanto lo evidente como lo que sienten y piensan, abierta y fielmente.

Este preciso punto: mantener una comunicación abierta y honesta, de raíz, es seguramente, el punto más difícil porque tiene el potencial de despertar nuestros miedos, nuestra vergüenza y nuestra desconfianza, y por eso es muy fácil que caigamos en estrategias de protección, las cuales entorpecerán cualquier avance hacía la resolución del conflicto, si eso sucede volver al punto de la gestión individual antes de continuar.

Tendremos que ejercer la paciencia, tanto con los demás como con nosotros mismos, a no confundir con la indulgencia y la auto-indulgencia. Muchas veces, pensamos que las cosas hay que resolverlas ya mismo. Puede que a veces esa opción sea la acertada, sin embargo, a menudo se necesitan varios momentos espaciados en el tiempo para abordar y resolver un conflicto.

Dar tiempo a la adrenalina, al corazón y a los pensamientos para que se calmen y “re-ordenen” ayuda. A veces, es bueno, perder el miedo a interrumpir un encuentro centrado en un conflicto cuando el desacuerdo es grande (hay que saber diferenciar también cuando finalizamos una conversación anticipadamente como huida de cuando ponemos una conversación en pausa porque realmente es lo mejor, de ahí la importancia de la honestidad con uno mismo y con el otro).

Mantener la objetividad y ceñirse a los hechos que guardan relación con el conflicto es otro de los aspectos más difíciles. Tendemos a divagar en exceso, a interpretar con creencias y esquemas de todo tipo: racionales, espirituales, terapéuticos, etc; y olvidamos la verdad subyacente a los acontecimientos: la persona con la que discutimos es también a la que amamos y de seguro que objetivamente el trato entre ambos es, la gran mayoría del tiempo, muy buena porque existe amor, vínculo y afecto.

Si no lo hay, entonces los conflictos pueden servir como “catalizador” para la ruptura de la relación o para ayudar a sentar unas bases más sólidas sobre las que pueda construirse confianza y afecto, concluyendo en una profundización y maduración de la relación.

También puede ocurrir que las discusiones tengan un origen sobre acontecimientos de los que nunca se ha hablado explícitamente, valor es requerido para sacar a la luz secretos y ser totalmente honestos, en caso contrario no existirá resolución real.

Muchas veces los conflictos evidencian aspectos que han sido “sobreentendidos” o dados por “obvios” en la pareja porque, lo queramos o no, venimos de unos condicionamientos fuertes que a menudo nos hacen creer que “la manera en la que he visto que se trataban mis padres entre ellos es la normal”. En estos casos se necesita saber “tragarse el orgullo” y hacer el esfuerzo de consensuar unas pautas comunes para aspectos que, por vergüenza, dejadez o miedo, no hablamos.

Por ello dos elementos cruciales son la comunicación y el esfuerzo.

El amor maduro entre dos personas consiste en que ambas se toman las molestias y realizan los esfuerzos necesarios para ir desde el disenso acercando sus posturas hasta un punto en el que pueden encontrar soluciones que satisfagan a ambas partes.

Hacer concesiones para llegar a acuerdos, es una manera muy válida y a menudo adecuada para llegar al consenso. Hay que tener cuidado por eso de que las concesiones no crucen las líneas rojas de nuestros valores fundamentales tales como el trato en la pareja, las necesidades fundamentales para que la confianza esté presente y en general todo aquel aspecto que forme parte de las bases de esa relación.

Pasar a través de conflictos, plantarles cara y abordarlos hace que a menudo conozcamos más y mejor al otro, a nosotros mismos, que crezcamos y desarrollemos nuestras capacidades de tolerancia, honestidad, comunicación, paciencia, sano esfuerzo y objetividad.

Las relaciones perfectas sin encontronazos, sin disenso y sin conflictos pertenecen al ámbito de las películas de Disney (ficción) o de las teorías iluminadas de muchas corrientes nueva era.

Con amor, paciencia, comunicación, esfuerzo, honestidad, objetividad y voluntad de llegar al entendimiento es posible resolver cualquier conflicto que se presente por complicado que sea.

Caroline y Marko




EFAC ha sido ciber-atacada

Hola a todos y todas!

Os escribimos para informaros sobre el ataque del que ha sido blanco EFAC.

Podéis ver el comunucado oficial de amyca aquí:

http://amyca.net/amyca-ha-sido-ciber-atacada/

Por otro lado aprovechamos la ocasión para desearos a todos y a todas un buen final de 2014 y un gran 2015.

Estamos inmersos en grandes cambios de caracter personal y estamos deseosos de tener el tiempo de retomar el curso del que tenemos finalizadas 15 de 30 clases.

Tambien tenemos acumulados en la recamara unos cuantos artículos que sacaremos en cuanto nos sea posible.

Agradecemos vuestra confianza y esperamos poder ponernos nuevamente a vuestro servicio a la brevedad.

Caroline y Marko




Crisis personales o El efecto boomerang

Cuando surge una crisis en nuestra edad adulta es bastante probable que durante esta aparezcan recuerdos de eventos pasados que pueden tener conexión o no con las circunstancias actuales. Estos se debe al efecto boomerang.

Cuando somos pequeños y pasamos por un evento o varios eventos traumáticos a solas, sin el apoyo y socorro de un adulto tenemos que echar a un lado los sentimientos de miedo, desesperación, aislamiento, confusión, rabia, pánico, entre otros. El mecanismo que se pone en marcha es echar a un lado todos estos sentimientos porque imposibilitarían al niño continuar creciendo e incluso sobrevivir. Todo este contenido interior es reprimido como si se transformase y se lanzase como  un boomerang, pero todo este contenido no desaparece, viaja a través del espacio-tiempo… y en algún momento, más tarde o más temprano, este boomerang vuelve a nuestras manos. Cuando eso ocurre entonces tenemos la oportunidad de reapropiarnos de todo el material que viajaba con el, es el momento de estar con todo lo que no se pudo sentir, compartir y expresar en el pasado.

Es un momento que puede ser muy transformador e integrador para nuestra psique, podemos entonces poner balsamos y cuidar esta parte que tuvo que entrar en estado de hibernación para que el conjunto sobreviviera. Depende de nuestra voluntad detener esta ivernación reapropiandonos del material emocional guardado y mirar cara a cara los hechos ocurridos tiempos atrás.

Si este trabajo es realizado con consciencia desde nuestra parte adulta es muy posible que podamos dejar atrás patrones de conducta y de pensamiento que fueron instalados en aquel entonces como armadura protectora y que en la actualidad no nos sirven y nos impiden continuar avanzando en nuestra vida hacía mayores cotas de conocimiento, intimidad e integridad.

También a veces ocurre que no queremos agarrar el boomerang, en ese caso, éste continuara viajando alejándose más y retornando con más intensidad hasta que por fin decidamos encargarnos de él.

Caroline




Vídeo del modelo de las tres realidades:

Tal y como veníamos comentando, hemos rehecho la clase en vídeo nº 1 a la luz de la información que se ha ido incorporando y del modelo que hemos ideo desarrollando. Aquí el vídeo de la clase y debajo el enlace para descargar y tener el modelo en imagen de gran resolución:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=N6CDI0sTe88]

Imagen en PNG del modelo: http://efac.amyca.net/wp-content/uploads/sites/9/2014/08/16.png

 




“Todo (no) es relativo” (I)

“Todo es relativo” es quizás uno de los axiomas filosóficos clave y más comunmente extendido y aceptado que se ha instaurado en piedra angular de gran parte de la mentalidad occidental actual que tiende al relativismo moral.

relativoComencemos por la frase misma, que si nos fijamos, es, en su naturaleza auto-invalidante. “Todo es relativo”, uhmmm… muy bien, si todo es relativo, será todo, todo, todo, ¿no? ¿o esta frase se escapa del todo? ¿Es decir, todo es relativo salvo la frase de que todo es relativo?

Como podemos apreciar esta premisa es falsa en sí misma, ya que siendo una afirmación taxativa sobre la relatividad de todo, no pone en cuestión la propia relatividad y la dá por asumida y absoluta, cuando de hecho no lo es.

¿Por qué es importante esta frase? pues porque es el pilar vertebrante de gran parte de la ideología actual de tolerancia totalitaria en el seno de muchas “ideologías en favor de los derechos más variados” y porque lleva a aumentar la confusión existente entre la percepción y la realidad.

Cuando hablamos de que todo es relativo, hay un entorno en el que la frase cobra una fuerza importante y podría demostrarse absoluta, y es en el terreno de las percepciones.

Vamos primero con un ejemplo sencillo:

7645561-dos-empresarios-hablan-en-la-mesaSi sentamos a dos personas tras una mesa y colocamos un vaso en medio y les preguntamos sobre el vaso, la percepción que tienen del vaso cada uno de ellos será casi con toda seguridad diferente y relativa. Lo de diferente está claro, pero, ¿relativa? Sí, relativa, es decir, no tiene por qué quedarse estática y absoluta, puede cambiar debido a multitud de causas, ya sean externas o internas: el punto desde el que se está mirando el vaso, la luz del ambiente, el grado de amor o aversión que tengan a los vasos en función de su condicionamiento, sus creencias respecto de los vasos, el estado anímico o emocional de la persona en el momento dado.

Ahora bien, ¿qué es lo que cambia, el vaso real que hay sobre la mesa, o la percepción que las personas tienen sobre él? La percepción qué es, sino un filtro de una realidad existente. El vaso existe sobre la mesa y cada uno lo ve “a su manera” y además de manera dinámica, es decir cambiante,  cada uno lo vea a su manera y esa manera pueda cambiar de momento a momento ¿Eso hace que la existencia del vaso sea relativa? No. El vaso es el vaso y está sobre la mesa, ya sea que fulanito lo vea de un color y menganito de otro porque sufre daltonismo o tiene la percepción nublada por sus emociones.

Es decir, hay un plano absoluto (la realidad de que estas dos personas están ahí sentadas a la mesa en un momento dado contemplando y hablando sobre un vaso que tienen sobre la mesa enfrente suyo) y uno relativo (la multitud de percepciones que surgen en el interior de cada una de ellas respecto de la situación real que están experimentando).

Dicho en otras palabras, en esos momentos, hay un plano estático – determinado que es la realidad objetiva/absoluta/cristalizada/….. y un plano dinámico que está en fluctuación (percepción subjetiva personal).

Por lo tanto, la percepción del vaso, no modifica el color del vaso real que está sobre la mesa, sino que modifica la información con la que cuenta el individuo que lo está percibiendo que finalmente puede hacer uso de su discernimiento, su consciencia, su atención, su conocimiento, para tener en todo momento claro qué es su percepción y que es la realidad.

¿Significa eso que la percepción sea mala, inferior o no forme parte de la realidad? No, para nada. Sin embargo no tiene el mismo estatus ni importancia que la realidad objetiva, ya que, por ejemplo si uno de ellos coge el vaso y se lo tira a la cabeza del otro, el otro no podrá detener a su agresor mediante sus percepciones, sino mediante acciones concretas en el plano de la acción, cosa que a la inversa no ocurre, si uno agrede con el vaso al otro por medio de su mente y su percepción, el otro no resulta herido en lo físico.

Ahora bien, ¿el hecho de que mi percepción subjetiva en determinados momentos fluctúe supone necesariamente un problema? Bueno, en sí mismo no, ya que esa parece ser una de las condiciones de la naturaleza de la percepción, el cambio. El problema que puede suponer esas percepciones es ciando me lleven a actuar de determinada forma ajena a mi voluntaden en la medida que no soy capaz de diferenciar la realidad de mis percepciones sobre esa misma realidad.

Si nos fijamos en la última frase, el quid de la cuestión es, quién permanece conduciendo el “vehículo Yo”, cuando soy consciente de la realidad objetiva que estoy viviendo y al mismo tiempo recibo información variada de mis diferentes percepciones puedo usar parte de esa información para tomar mejores decisiones y llevar a cabo acciones más acertadas, sin perder mi contacto con la realidad objetiva. Pero, por el otro lado, si confundo mis percepciones con la realidad objetiva, en realidad (valga la redondancia), quien acaba decidiendo sobre mis acciones, son las percepciones condicionadas, no yo, deciden “otros” y no yo, es cuando pierdo mi soberanía.

Continuará…




La falacia del doble vínculo

lider¿Aún sigues siendo pobre? ¿todavía no has dejado de tener conflictos con tu pareja? ¿Sigues sin experimentar éxtasis en tus relaciones íntimas con tu pareja? ¿ya has entrado en conexión con tu Ser profundo y con la existencia? ¿Aún te sientes separado del “fluir” de la vida? ¿has dejado de desaprovechar todo tu potencial?

¿Has notado el sutil o el descarado efecto que tienen estas preguntas en tu estado anímico? Si tu humor ha cambiado y te sientes más chafado/a o menos valioso o seguro de ti mismo/a después de leer estas preguntas es que eres influenciable por la falacia del doble vínculo y estas frases han sabido detonar un estado de vergüenza inducido en ti.

Esta falacia, muy extendida en la publicidad y en innumerables ámbitos de la sociedad, tales como en el mundo de la autoayuda, la nueva era, los negocios express, coaching, sectas, etc… es un elemento cuyo poder de manipulación consigue atraer a innumerables personas que no están atentas consiguiendo un elevado ratio de conversión (nueva clientela) de manera muy fácil.

El doble vínculo consiste en establecer premisas falsas a las que no se puede contestar de maneras acertada ni positiva ni negativamente sin entrar en contradicción. Al entrar en contradicción, la persona que es preguntada por tal o cual “profesional”, se siente momentáneamente incapacitada para contestar, despertando en gran parte de las personas los síntomas de un estado de vergüenza inducido (acaloramiento, confusión, pudor, malestar, sentimientos de minusvalía, etc…). Como cuando éramos pequeños y nos preguntaban algo en clase y no sabíamos contestar… “por dios, si que estoy mal, todos alrededor parecen pillarlo menos yo, se les ve tan bien y que lo tienen tan claro, debe ser que soy defectuoso, va a ser que realmente necesito hacer este curso o comprar este libro para aclararme”…

Las preguntas iniciales, parten de premisas falsas, ya que, tomemos por ejemplo, la pregunta del “extasis en tus relaciones íntimas”, no puedes contestar con un sí o un no, sin admitir implícitamente la existencia de tales estados y su necesaria idoneidad, entrando en contracción con tus propias premisas.

Si contestas que sí, entonces necesitas el curso que tenemos preparado para tí…. (previo pase por caja, claro) y si la contestación es no, entonces quedas en evidencia, ya que se supone que estas asistiendo o recibiendo la información por algo, no la estás oyendo porque sí, las casualidades no existen, todo, absolutamente todo está predestinado (nótese el inciso irónico) y si estás oyendo esto es que lo tenías que oir. “No importa que se defina o explique para nada lo que significa el “extasis” por el que se pregunta a la persona, eso ya lo dejan a la imaginación del asistente a la charla, que de momento ha quedado en un estado medio catatónico y se encuentra luchando porque no se note su sensación de horrible ridículo de no tener “extasis” en sus relaciones íntimas de pareja, con lo “cool” que deben de ser los orgasmos del “maestro” que parece tan seguro de si mismo, tan deshinibido, espontáneo y natural…

Esta técnica de manipulación se basa en la noción de que lo que el emisor propone necesariamente es la manera correcta de vivir, de comer, de dormir, de hacer el amor, de respirar, de trabajar, de usar tu dinero, de “lo que sea” y “todo el mundo debería darse cuenta de ello y ponerlo en práctica”. Por tanto las preguntas ya van con esta premisa implícita en ellas, aunque el interlocutor no la conozca, no se la hayan explicado o directamente no tenga nada que ver con el destinatario. “Si no lo haces como “el vendedor” es que no te enteras, no vas a la última, estás dormido, no eres espiritual, no te importan las cosas importantes,etc…”.  Su fuerza reside en la falsa premisa inicial, aderezada con la falta de explicación de la terminología, el empleo, en multitud de ocasiones del factor “misterio” y una presencia carismática sazonada con una fuerte dosis de dominio de la oratoria y de aparentar ser lo que no se es.

Cuando se trata de cuestiones como tener los dientes blancos, o comprar tal o cual producto que anuncia la televisión, hay un cierto grado de inmunización, debido a la saturación por el volumen de publicidad recibida y debido a que sabemos que no tenemos que interactuar con la televisión, nadie nos mira, ni el mensaje está explícitamente orientado a nosotros como individuos con nombre y apollidos. Sin embargo, cuando nos encontramos en la presentación de un libro, en una charla demostrativa, en un coloquio y el orador nos habla directamente a nosotros, sin haber querido intervenir y en presencia de todos, las circunstancias son muy diferentes.

Además, en estos casos no se habla del blanco de los dientes, sino de temas que por lo general puedan ser más importantes para la persona, como su dinero, salud, sexualidad, mentalidad, capacidades, habilidades, emociones, etc… y por tanto pueda despertar sensaciones mayores de incomodidad ser abordados solitariamente ante un ambiente en el que no se conoce a las personas y se está guardando un sano campo de protección.

Identificar estos fenómenos se hace más fácil cuando mantenemos un cierto grado de sano escepticismo y observación en la persona que está presentando cualquiera que sea la información, especialmente si la información implica la posterior compra o no de algo y si aprendemos a apreciar los “tirones energéticos” que la persona pueda estar haciendo para “llamar nuestra atención” o “llevarnos a su cancha”.

En última instancia, de nosotros depende el no comprar, o entrar en relaciones con personas cuyo proposito es el vampirismo, eso supone una gran responsabilidad y también un gran poder a manejar, el poder de decir no cuando es necesario decirlo.




La liberadora monarquía interior

nTE8GkyTACoincidiendo con la abdicación de Juan Carlos I y la proclamación de Felipe VI como rey de España, aprovechamos la tesitura de los acontecimientos para “romper una lanza en favor de la monarquía”. Sí, en favor de la monarquía… pero…. de la monarquía interior.

La palabra monarquía significa mon (uno) -arch (gobierno, gobernante) “el gobierno de uno solo, un solo gobernante, un solo rey”. En este texto vamos a hablar sobre la monarquía interior. Es decir, el auto-gobierno de uno mismo.

De todos es sabido que el rango de reacciones y respuestas de un ser humano frente a un acontecimiento es muy variado. Podemos reaccionar instintivamente, podemos reaccionar de manera emocional primaria, podemos responder emocionalmente de maneras más elaboradas, podemos responder de manera intelectual programada, de manera intelectual creativa, o una mezcla de varias de ellas al mismo tiempo…

Esto se debe a que pese a tener un cerebro, en realidad tenemos un “tres en uno” como cerebro. Nuestro cerebro se compone de tres partes diferenciadas cuyos propósitos, lenguajes y maneras de funcionar son diferentes y sin embargo operan a la vez la mayor parte del tiempo.

Si bien, cada parte de nuestro cerebro tiene usos singularmente útiles, el problema reside en el hecho de que hemos “aprendido” a usar las partes del cerebro inadecuadas para los momentos inadecuados.

P.ej: si ahora mismo, (es solo un suponer eh?) se empieza a desmoronar el techo de tu casa, ¿qué parte de tu cerebro será la mas útil para funcionar? la que te permita salir del estado de peligro en el menor tiempo posible y con las mayores precauciones posibles, es decir, el cerebro instintivo o reptil. ¿Qué pasaría si en vez de evacuar rápidamente tu casa en este supuesto te pusieses a llorar y a filtrar emocionalmente la situación en busca de una solución? ¿o qué pasaría si en esta situación te pusieses a deliberar y analizar las posibilidades de que la grieta que está abriendose en el techo que está a punto de desplomarse encima tuyo, se deba a que el vecino ha instalado suelo radiante recientemente?¿está claro, verdad?

Pues bien, digamos que cada uno de estos cerebros están orientados hacia una determinada direccionalidad: tenemos un cerebro enfocado a la acción, otro al sentimiento y un último al pensamiento por decirlo muy simplificadamente (ya que no es exactamente del todo así, porque hay funciones que se solapan en algunas zonas, pero lo hablamos así que es más fácil).

En ¿qué consistirá por tanto la monarquía interior?, pues justamente en conocer cada uno de nuestros cerebros, como operan, qué necesitan para funcionar al máximo y bajo que circunstancias nos ayudan o nos perjudica su uso en las diversas circunstancias de nuestras vidas.

Las causas para el desajuste pueden ser de tipo alimenticio, por agentes contaminantes, tóxicos, contaminación electromagnética, eléctrica, debido al factor exógeno, al que le dedicaremos un artículo próximamente y a menudo nuestras dificultades al respecto se hayan en que, debido a posibles circunstancias del pasado, eventos duros o traumáticos, nuestra parte instintiva y emocional se activan con mucha fuerza, (en previsión de protegernos de la repetición de los eventos traumáticos de antaño) volviéndonos totalmente adictos a encontrar una solucion reactiva inmediata o a sobre-emocionalizarnos y desbordarnos perceptivamente ante los eventos y subjetivizarnos de maneras muy radicales.

En otras ocasiones, ocurre que ante determinadas situaciones quedamos congelados, haciendo un uso único y programado de nuestra facultades mentales, cuando se requeriría tener activado nuestro sentir y actuar.

Y por último, hay ocasiones en las que el pensar y el sentir, se sobreponen totalmente al actuar, manteniéndonos esclavos de nuestra subjetividad, e imposibilitándonos tomar acción.

¿Qué provoca todo esto en la práctica? pues provoca muchas cosas: provoca que no sepamos defendernos bien ante las agresiones; que no podamos o sepamos mantener y desarrollar nuestra capacidades de pensamiento individuales, nuestro discernimiento, sano juicio y sentido común; que ante ciertas personas nos sintamos tan desvalidos que las figuras pasen a ser percibidas como autoridad, nuestro sistema emocional se desborde o nuestra mente se quede paralizada ante ellas, haciéndonos sentir que somos inferiores que nuestros interlocutores; que nuestra emocionalidad sana, nuestro sentido del cuidado y del amor no esté presente cuando lo necesitamos, que nuestras relaciones sociales con quien sean, se desarrollen de maneras muy reactivas, en las que perdemos el control sobre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos; que nuestra voluntad quede adormecida, desactivada o relegada al último plano debido al miedo mental o emocional, etc…

Encontrando el punto común a todos estos conceptos en uno, estos problemas derivan en una falta de soberanía de uno mismo, en una falta de monarquía interior. ¿Y qué pasa cuando uno no es rey de sí mismo? ¿qué pasa cuando uno no piensa por sí mismo? ¿cuando no siente por sí mismo? ¿cuando no razona por sí mismo? ¿cuando no se vale y no hace valer sus opiniones por sí mismo?

Lo que ocurre entonces es que aceptamos diversas cotas de esclavitud y aceptamos que sean otros los que hagan esas cosas por nosotros, que piensen, sientan y actuen por nosotros, ya que nosotros mismos no sabemos, no podemos o no queremos hacerlo.

Finalizo haciendo alusión a una muy buena reflexión del investigador estadounidense Mark Passio en su seminario sobre la Ley Natural: “Cuando tengamos monarquía interior, podremos tener anarquía exterior” es decir, cuando tengamos la voluntad y seamos capaces de tener auto-gobierno de nosotros mismos, no necesitaremos a otros que nos gobiernen a nosotros imponiendo su voluntad por sobre la nuestra.

Os animamos a desarrollar sin descanso vuestra monarquía interior en todo aspecto posible, vuestra libertad individual y nuestra libertad colectiva depende mucho de ello.

Un abrazo




El poder de la decepción-desilusión

171Para la mayoría de los humanos cuyo sistema emocional opera de manera normal, existen momentos que “detonan” o activan sensaciones y emociones de decepción y desilusión.

Que algo que querías hacer no puedas hacerlo, que algo que esperabas que ocurriese no ocurra, que alguien haga algo que no te esperabas, que el grupo con el que te identificas no obtenga los resultados que querías, etc…

Si nos fijamos en la palabra des-ilusión, veremos que el proceso que se ha puesto en marcha, efectivamente es un proceso deconstructivo: implica la desmantelación de una ilusión previa, la destrucción de ciertas expectativas.

Y no es que tener ilusión y expectativas sea siempre malo per se, sin embargo, depende mucho sobre qué premisas nos fundamentamos para construir la ilusión, la esperanza y las expectativas.

Cuando construimos estas ilusiones en nuestro interior basándonos en nada más que nuestra subjetividad (nuestros deseos de que las cosas sean de determinada forma) sin mantenernos en contacto con la realidad objetiva, lo que en realidad estamos haciendo es construir una casa sobre arena. Puede que construir esperanzas, ilusiones o expectativas en estos casos, sea, justamente, una manera de no tener que enfrentar ciertos aspectos de la realidad que no nos agradan. Puede que nos ayude a distraernos de la verdad y a no encarar las cosas a nivel individual y colectivo. Pero son paliativos que eventualmente se muestran inoperativos.

Hay veces que construimos sanas ilusiones y expectativas, fundamentándonos en la realidad objetiva, como por ejemplo cuando trabajamos para conseguir cierto objetivo con esfuerzo, voluntad y entrega. Estamos creciendo fruto de ese proceso y aunque el objetivo pueda no verse cumplido, el mismo proceso nos habrá hecho crecer, habremos construido algo nuevo, ya no seremos los mismos de antes.

El mayor poder que tienen la decepción y la desilusión residen justamente en su punto más bajo (paradójicamente el mayor beneficio se puede extraer del mayor “bajón”) ya que, cuando nos desilusionamos o decepcionamos, ello implica forzosamente que nuestras expectativas, ilusiones y esperanzas se han demostrado falsas al fín y tenemos la oportunidad, justo en esos momentos, de ponernos en contacto con realidades internas y externas a las que normalmente no accedemos voluntariamente o de las que huimos.

El problema, sin embargo, es, que como la sensación de decepción que se experimenta es incómoda, lo que deseamos hacer es dejarla atrás cuanto antes. El poder de la desilusión y de la decepción se hayan justamente en su capacidad de llevarnos a tocar espacios psicológicos, emocionales y corporales mucho más profundos, brindándonos una gran oportunidad para zambullirnos en nuestra “humanidad”. Y justamente de eso se trata: de darnos el permiso de no ver la desilusión y la decepción como cosas que hay que rechazar, sino experimentar individual y colectivamente estos estados como lo que son, estados.

Me hace recordar, cuando iba al colegio y el profesor o profesora explicaba un tema que me era totalmente nuevo y las primeras sensaciones al enfrentarme a un tema nuevo eran de: “no entiendo nada” “¿de qué carajos está hablando?” “¿qué?¿cómo? no entiendo nada”…

Cuanta más resistencia a sentir mi desasosiego tenía y más la rechazaba, más tiempo tardaba en poder atravesar mi malestar para ir más profundo y acabar asimilando (introduciendo y elaborando en mi interior) lo que se me explicaba.

Con la decepción y la desilusión pasa algo parecido. Cuando nos damos permiso para entender y vivir ese estado como una fase y una posibilidad de nuestro cuerpo físico, mental y emocional igual de válida que cualquier otra, nos daremos cuenta de que esa “deconstrucción” de nuestros esquemas que a menudo son falsos, supone también una profundización en la realidad de las cosas y en la realidad de uno mismo.

A menudo ocurre que, si comenzamos a no luchar la decepción y la desilusión y les damos algo “de cancha”, afloran ganas de llorar, tristezas y sentimientos de soledad-vacío. Puede incluso, que salgan a la luz memorias de tiempos en los que nos sentimos parecido a como nos estamos sintiendo en la actualidad. Es normal y positivo, el cuerpo, la mente y las emociones tienen su momento para revivir partes que hayan podido quedar pendientes del pasado.

De hecho, recientemente nos hemos topado con el termino “destintegración positiva” acuñada por un psicólogo, de apellido Dabrowski, que explica, que nuestra personalidad crece mediante procesos de desintegración (“desilusión-decepción”). Si esta desintegración se entiende como un evento transitorio en el que el viejo yo se desestructura, para dar paso a un yo nuevo, más experimentado y amplio, es una desintegración muy valiosa y positiva, es el proceso de crecimiento vital mismo.

Muchas personas tenemos miedo de permitirnos sentir estas emociones, porque tenemos creencias de que “si las sentimos nos paralizarán, nos volverán incapaces de seguir viviendo, nos engullirán”. Esas suposiciones aunque sean un legítimo intento de protegernos del dolor, no son ciertas en la medida que aparentan serlo.

Efectivamente, siempre corremos el riesgo de quedarnos “enganchados a las emociones” y por ello lo importante es entender que estas oportunidades, son oportunidades de visitar ciertas habitaciones de la casa interior de uno mismo. Visitar, que no instalarse en ellas.

Puede que alguno se pregunte: ¿de qué me sirve sentir algo tan desagradable como la decepción y la desilusión?. Sirve, sobretodo, para dejar de tener miedo a la tristeza y a la soledad. Sirve para que podamos atrevernos a hacer cosas en nuestras vidas que quizás no nos atrevíamos a hacer o a decir porque justamente teníamos miedo del ridículo, de la soledad y de la tristeza de saberse solo.

La decepción y la desilusión guardan en su interior el potencial de abrirnos a nuevas cotas de autonomía interior y a espacios de mayor profundidad humana, si aprendemos a tratarlas de manera amistosa.

Por ello, cuando sientas decepción, desilusión o cierto grado de desintegración, dudas, confusión, es bueno que te des algo de tiempo, paciencia y amabilidad para transitar esas emociones sin tener que encontrarles una solución razonada, activa e inmediata. Puede que si te haces mas amigo o amiga de ellas te revelen nuevos caminos que desconocías, nuevas posibilidades y puede que te ayuden a limpiar tu mirada de los sesgos con los que mirabas la realidad anteriormente.

Un abrazo!




El fascinador “vendedor de motos”

Nos hemos topado con el término “fascinadores” leyendo el libro de Andrzej Lobaczewski titulado “La ponerología política: una ciencia de la naturaleza del mal adaptada a propósitos políticos”.

El autor, psicólogo polaco, junto con un equipo de colegas se arriesgaron a hacer investigaciones clandestinas sobre temas muy importantes relativos a la psicología humana en tiempos de la polonia comunista. Es en los entresijos del libro menciona, hablando de las caracteropatías (desviaciones patológicas del carácter humano) a los fascinadores.

monje & discipuloComo bien indica por sí sola la palabra “fascinador”, hace referencia a las personas cuyo carácter o personalidad, se ha orientado de una manera muy específica en lo referente a la interacción con los demás. Es el que te quiere “vender la moto”. Obviamente este perfil es bastante claro en muchas personas y hasta cierto punto común en nuestras sociedades ya que son estas personas las que sientan las bases de la industria del cine, amplios sectores políticos, diferentes áreas de la esfera social, la industria de la publicidad, etc…

En este artículo vamos a hablar de las versiones “refinadas” o “sutiles” de los caracterópatas fascinadores, ya que las estrategias que emplean muchas veces pueden pasar relativamente desapercibidas para muchos de nosotros, especialmente para aquellos cuyo sentido común, sentido de la crítica y escepticismo sano estén muy dormidos o aletargados.

Primero de todo, hay que entender que el fascinador opera bajo hipnosis egotista, es decir, cree, falsamente, que su cosmovisión, o la cosmovisión de su maestro, linaje, partido, equipo, grupo, congregación, religión, etc… son la única verdad y que todo el mundo debería vivir conforme a esa cosmovisión y que si no viven de esa forma es que son “estúpidos”, “dormidos”, “inconscientes”, “inferiores”, “menos evolucionados”, etc…

Esta creencia egotista distorsionadora que opera de base en los fascinadores (y subjetiviza radicalmente su visión de la vida), puede tener su origen en causas emocionales vinculadas al abandono en la infancia, episodios de aislamiento social en la adolescencia o temprana adultez, profundas sensaciones de exclusión social, etc. Entre sus múltiples causas también existen casos de daños en regiones epecíficas del cerebro que afectan el libre acceso de las personas a lo que llamamos “sentido común”. Algunos de esos daños son reversibles, gracias a la neuroplasticidad (capacidad del cerebro de regenerarse), siendo otros de ellos de muy difícil o imposible recuperación.

Los fascinadores que se han vuelto proselitistas de la visión de tal o cual persona, grupo u organización debido a causas de origen emocional, casos que, nos aventuramos a afirmar que seguramente sean la mayor parte de ellos, lo hacen, muy a menudo, debido a que es mucho más cómodo refugiarse en las enseñanzas, teorías y conocimientos de una tercera persona que provee de sensación de grupo y comodidad colectiva que no enfrentarse a la realidad uno solo. Es decir, un gran motor de estos casos se debe al miedo a la soledad y a sentirse abandonado.

Para implementar la agenda de universalización de su cosmovisión como única verdadera, el fascinador se vale principalmente de los siguientes elementos: su oratoria y despliegue circunstancial, la manipulación de las emociones de las personas a su alrededor a través del lenguaje y las experiencias propias, la estratificación, moralización explícita o implícita de su entorno, el misterio entorno a ellos  y el efecto halo (que ya lo presentamos en este otro texto).

Vamos en detalle con cada una de ellas:

El tema de la oratoria: a través del lenguaje el fascinador emplea términos que por ejemplo pueden ser desconocidos por su interlocutor (quizás tecnicismos, palabras de otros idiomas, etc…) sin explicar su significado, generando en su interlocutor una impresión de diferencial de conocimiento negativo (“yo sé cosas que tu no sabes, no te las voy a explicar en detalle, solo quiero que veas que yo las sé y tu no”). No suelen contestar con claridad a las preguntas, especialmente a aquellas que inciden sobre la terminología que emplean y si llegan a hacerlo, a menudo contestan usando nuevos términos que son ambiguos o desconocidos para su interlocutor. A menudo, esta estrategia es solo un refugio para evitar mostrar la carencia de fundamento de lo que exponen o su falta de conocimientos reales al respecto.

Los fascinadores temen al lenguaje natural, el lenguaje común de las personas, ya que les pone al mismo nivel que ellos. Y aunque sea necesario usar terminología específica, temen que alguien les diga: “no entiendo lo que estás diciendo, ¿podrías explicarlo?” ¿por qué? por que no saben explicarlo realmente, porque la cuestión para ellos no consiste en que entiendas, ni sepas nada realmente, sino que la cuestión es que compres o hagas lo que a ellos les interesa.

El despliegue circunstancial: batas blancas, trajes, vestimentas “especiales”, complementos de todo tipo, color y tamaño,  tonos de voz impostados y teatralizados, rimbombantes e incluso misteriosos e hipnóticos. También puede haber maneras sutiles de colocarse físicamente, de mostrarse masculino o femenina, espiritual o exitoso, feliz o “conectado”, ciertas expresiones de lenguaje corporal cuyo principal rasgo es que se repiten a menudo, especialmente delante de sus interlocutores, denotando que se trata de bucles repetitivos. [Está muy estudiado el fenómeno que ejerce el lenguaje corporal sobre las personas, por ejemplo cuando una persona lleva gafas y se las quita de determinada forma, causa un impacto de “erudito y de persona con muchos conocimientos” arrojando una posible falsa impresión de su saber y su saber hacer sobre la percepción de sus interlocutores].

La manipulación de las emociones del o de los interlocutores: este proceso es especialmente importante, consiste en que para poder “insertar” su cosmovisión egotista en la mente de las personas a su alrededor para sus propios intereses, primero tiene que hacerlas sentir pequeñas, menos valiosas, más estúpidas, menos evolucionadas, menos conscientes o lo que fuere. Pero ha de hacerlo de una manera no muy directa, ya que perdería su negocio, su religión o sus “activos”. El truco consiste, pues, en introducir los contenidos mezclándolos con experiencias propias, en las que se da a entender que el fascinador es alguien tiene una experiencia que los demás no tienen, que sabe, puede hacer, etc y que los demás a su alrededor no son distintos a el o ella y que si quieren pueden llegar a ese estado, conocimiento, liberación, iluminación, felicidad, alegría, vitalidad, conexión, etc… si siguen las instrucciones que le serán proporcionadas.

Esta es una herramienta especialmente poderosa del fascinador, ya que hace sentir pequeños a sus interlocutores, pero no les hace sentir pequeños sin solución ni remedio, sino que les induce un estado de vergüenza para acto seguido decirles mas o menos implícitamente: “no te preocupes, que aunque aún no seas lo guay que soy yo, podrás alcanzarlo si me compras la moto”.

La estratificación en este contexto del fascinador es una técnica que usan para categorizar (en general de maneras muy implicitas) sus diferentes tipos de interlocutores entre los más susceptibles de comprarles la moto y los que no lo son tanto y usarles entre ellos para polarizar el ambiente entre “los que saben, entienden, y están más esto o aquello” y los que “todavía” no han alcanzado el punto de los primeros, así juegan vendiendo motos de diferentes tamaños y precios a los diferentes estratos.

De esta forma el fascinador puede jugar también con las lealtades de los interlocutores para ponerles los unos en contra de los otros, para potenciar sus ventas, su agenda de difusión egotista o sencillamente para hacer crecer más su negocio o culto. Es el funcionamiento del “divide y vencerás”.

Generar misterio y efecto halo, podríamos llamarlo “las guindas del pastel” porque son la verdadera especialidad de los fascinadores, es en lo que son verdaderamente expertos. Son expertos en hacerte creer que son algo que no son, que tienen algo que tu no tienes, que viven de una manera que tu no vives, que sienten de una manera en la que tu no sientes, que perciben cosas que tu no puedes percibir. Cuando llevan décadas de práctica pueden llegar a ser realmente buenos y en muchas ocasiones totalmente inconscientes del juego que están llevando a cabo y consiguen sistemáticamente lo que sea que les interese que tu te creas y compres.

Hasta aquí la explicación sobre los fascinadores. Ahora, ¿qué es lo que uno puede hacer frente a este tipo de personas (con este trastorno adquirido) y este tipo de caracterópatas (con este trastorno producido por daño cerebral o transmisión genética) ?

Seguramente haya muchísimas más, pero las que más importantes consieramos son las siguientes:

– Relacionarse con personas de diferentes estratos, culturas, paises y grupos sociales, para ir dándose cuenta de lo estrecho que es el mundo que plantea el fascinador como “mundo ideal”, “moto ideal”, “vida ideal”, “manera de hacer el amor ideal”, “manera de comer ideal”, “manera de ser ideal”, etc…

– Poner en tela de juicio, primero individualmente, los axiomes o fundamentos sobre los que se sustenta el conocimiento que el fascinador transmite. Es decir, tomarse el tiempo de investigar los temas uno mismo, buscar las fuentes, entender lo que se trae entre manos a nivel de temario y ver la validez o sesgo que tienen. Una vez hecho eso, plantear individual o colectivamente las cuestiones discrepantes que se hayan podido encontrar al fascinador y observar su contestación frente a estos temas. La contestación que recibamos por su parte puede ser muy esclarecedora sobre él y sus verdaderas intenciones.

– Tomarse el tiempo de explorar los miedos de ser rechazado por el grupo de interlocutores “convencidos”, de quedarse solo, de saberse en una posición incómoda o confundida. es decir, no huir de las emociones subyacentes, sino encararlas con paciencia y apertura.

– “Echarle huevos” a preguntar cuando no se entienden las cosas, más que callarse y asentir sin entender, entrando más y más en los estados de vergüenza que provoca “el no entender” y “no saber de qué se está hablando”.

– Tener en cuenta que desarrollar un pensamiento crítico propio y un sentido de escepticismo sano son herramientas válidas e importantes al enfrentar aspectos teóricos o con contenido de conocimientos.

– Aprender a darse cuenta de cuales son los elementos que a uno mismo le provocan que cierto tipo de persona nos resulte especialmente fascinante y el grado en que esa fascinación restringe o anula nuestra propia capacidad de pensar, discernir y actuar de manera autónoma.

Como conclusión os sugerimos que cuando estéis confundidos ante alguien que pudiese ser o no un fascinador, os déis tiempo para entenderos a vosotros mismos y para entender al otro. El pensamiento y el criterio propio se construye poco a poco y requiere de tiempo, cosa que muchos fascinadores en realidad no quieren dar a nadie. Mantenerse en contacto con la realidad de los hechos suele ser una gran ayuda cuando se observa a alguien. A menudo ocurre que tras cierto tipo de discurso “mágico” los actos contradicen parcial o totalmente al fascinador.

Por último os invitamos a daros cuenta del hecho de que cuando rendimos nuestra individualidad al fascinador, nos volvemos sus marionetas y nos situamos en una tesitura de víctimas, mientras que en todo momento podemos desarrollar nuestro conocimiento, cuidado y acciones para mantenernos libres y despiertos. De cada uno de nosotros depende.

Un abrazo

Marko y Caroline