09. La Herida de la Vergüenza

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Premisa:

Nosotros diferenciamos dos tipos de vergüenza.

Una de ellas es la vergüenza humana o basada en la empatía, que se manifiesta como una sensación consciente de falta de integridad, deshonor, desgracia o condenación por algo que una persona ha hecho o no ha hecho. Este es el tipo de vergüenza connatural al ser humano y todos la podemos sentir salvo las personas con psicopatía y otros trastornos específicos.

La otra es la vergüenza adquirida, basada en la humillación y daño recibido aleatoriamente por no ajustarnos a los cánones impuestos por las ideas de nuestros padres, la familia, la sociedad, el estado, la religión, etc…

Sin embargo la frontera entre la vergüenza humana, que asumimos como sana en el sentido de que nos previene de cometer actos que nos deshonran y dañan a otros seres humanos, y el segundo tipo de vergüenza, la adquirida, de la que queremos hablar, que es fruto de no encajar en las normas sociales de nuestro entorno y que según la realidad objetiva no supone ningún daño a otras personas, se desdibuja y no siempre es sencillo averiguar de qué tipo de vergüenza estamos hablando.

Creemos que es importante hacer esta distinción y tener en cuenta esta premisa ya que la segunda vergüenza, la adquirida, es con diferencia la que más nos marca durante nuestra infancia y perdura con efectos saboteadores en nuestra vida actual en nosotros si no es examinada, compartida y aceptada.

La vergüenza es una de las principales heridas de nuestra realidad herida.

Origen de La Vergüenza adquirida:

La base sobre la que se sustenta la vergüenza adquirida es un fenómeno doble:

Por un lado se basa en la confusión de los adultos que interactuaron con nosotros en nuestra infancia, ya que muchas veces estos adultos no diferenciaban el ser del hacer, por ejemplo: en vez de comentarnos que “habíamos olvidado de hacer tal cosa por tercera vez en esa semana” nos decían “que éramos unos irresponsables, o malos, o lo que fuese” confundiendo lo que hacíamos en un momento puntual con todo nuestro ser.

Por otro lado, cuando los niños son pequeños su percepción y consciencia es más unificada que en la edad adulta, es decir, se perciben a sí mismos indivisos, sin diferenciar lo que piensan, tienen, hacen o sienten, de lo que son, para ellos todo es lo mismo.

La vergüenza adquirida tiene muchos paralelismos con la herida del abandono y de hecho, a menudo operan juntas, ya que ante situaciones en las que de pequeños sentimos abandono, nuestro entorno a veces reaccionaba invalidando nuestras sensaciones, con expresiones como: “no pasa nada” “no es para tanto” “eso es una chiquillada” “no hay motivo para ponerse así” etc… que al niño le transmitió el mensaje de que “lo que siento es erróneo” “yo soy un error, erróneo”.

Como de niños no sabíamos separar lo que sentimos de lo que somos, asumimos que lo que en realidad se nos estaba diciendo es que nosotros éramos los malos, reforzando así la herida de la vergüenza adquirida.

Hay diferentes fuentes de origen de la vergüenza:

Directas: Buena parte de la educación que hemos recibido se ha sustentado en hacernos sentir vergüenza:

  • En la escuela, el sistema de notas etiqueta a los niños como mejores y peores según unos resultados que poco tienen que ver con quienes son en realidad, sino más bien tienen que ver con la habilidad del niño de repetir conocimientos externos aprendidos en multitud de ocasiones sin la posibilidad de integrarlos en su interior mediante la experiencia vivida en primera persona. Para muchos niños esta habilidad de repetir información externa, se ve mermada por una mala alimentación, problemas de diversas índoles en casa, y un largo etc. El sentimiento que se deriva de esto puede ser, a parte de una aversión por el estudio, un sentimiento básico y fundamental de que -no valgo – no soy suficiente – soy tonto – soy diferente – soy malo – nunca lo hago suficientemente bien, etc…
  • En el entorno familiar existe un conjunto de normas más o menos explícitas de cómo el individuo tiene que comportarse para encajar y recibir aprobación, dedicación y atención. Si el individuo se desvía del molde es rápidamente descalificado, en el mejor de los casos y se le persuade de no volver a comportarse de esta forma no normalizada mediante el sistema de recompensa – castigo.
  • En el entorno familiar también se puede dar el fenómeno de comparación, poniendo de relieve diferencias más o menos objetivas entre hermanos y hermanas. Se puede llegar a extremar este patrón conductual de los adultos y centrar todas sus críticas en un solo miembro del grupo. El individuo en cuestión se sentirá muy avergonzado por el solo hecho de existir o de no ser como la persona con la que se la está comparando.
  • En el entorno social en general, se podría hacer un paralelo con el ambiente familiar. En este particular ámbito la religión puede llegar a tener una gran influencia. Muchas religiones coartan la libertad y sentido de la dignidad a través de hacernos sentir malos por hacer cosas que son naturales e incluso positivas para nuestro desarrollo.
  • El rechazo de todo tipo es una fuente directa y poderosa que genera mucha vergüenza adquirida.

Indirectas: Muchas veces nuestros padres o cuidadores tienen su propia vergüenza adquirida. Esta vergüenza sino es contenida y gestionada por el adulto, permea en sus actos, su voz, sus palabras y su campo emocional al cual el hijo es muy sensible. En muchas ocasiones ocurre que el hijo se apropia de forma inconsciente de esta misma vergüenza por simpatía, amor y por seguir el ejemplo de sus progenitores.

Una gran fuente de vergüenza adquirida se origina al no recibir apoyo, aliento y aprobación para ir hacia las cosas que anhelamos en la vida y que nos hacen felices.

Abusos: Cuando el niño es abusado de la forma que sea por un adulto, es decir, que por la posición de poder del adulto frente a la inocencia, ignorancia, dependencia e inmadurez del niño, el adulto saca provecho personal para sí mismo a través de dañar y abusar al niño.

El abuso físico sobre el niño es cuando el adulto es incapaz de contener sus propias emociones descargando su ira, frustración o vergüenza sobre el niño de manera física.

El abuso sexual puede ser directo o indirecto. El directo implica los tocamientos, la violación, las bromas sexuales directas, comentarios, etc… El indirecto consiste en la falta de contención del adulto de su energía sexual descargándola sobre los niños mediante miradas, exposición de un niño a escenas de abuso, a material pornográfico de cualquier tipo, etc…

El abuso sexual genera una vergüenza hacia el propio género. “si no fuese mujer no me habría pasado esto” ”si no fuese chico no me habría pasado esto” , etc…

El abuso emocional como en el caso de los adultos que usan al hijo como confidente, contándole los problemas e intimidades propias a su hijo o hija; o también como los adultos que chantajean al niño o la niña con dejar de quererles si…

El abuso psicológico se basa en la invalidación por parte del adulto de las opiniones o razonamientos del niño, etiquetándolo y menospreciando su visión de la realidad o intentado imponerle la suya propia, ya sea mediante manipulaciones sutiles o mediante el uso explícito de la fuerza de su carácter y la intimidación mediante el miedo.

Los abusos crean una profunda herida de vergüenza adquirida. En todos estos casos, el adulto inconsciente se aprovecha de la condición vulnerable del niño. Estos abusos crean un profundo sentido de responsabilidad en el niño. Éste, asume que le pasan estas situaciones porque se lo merece o lo busca, creyéndose la causa de que le pase lo que le pasa. Llegando a la conclusión de que “no es como los demás” o “de que algo debe fallar en él a nivel fundamental”.

Manifestación de la vergüenza adquirida:

La vergüenza adquirida puede llegar a sumirnos en una depresión o a intentar cometer suicidio (aunque existen otros factores que pueden entrar en juego como por ejemplo una mala alimentación y los desequilibrios hormonales y por tanto emocionales que genera). Nos puede acompañar a todas partes y alimenta muchos patrones destructivos / autodestructivos. Cuando no somos conscientes de esta vergüenza solemos inmiscuirnos y atraer situaciones en las que volveremos a sentirnos avergonzados, sería el mismo mecanismo operante que en el síndrome de Estocolmo (apego al abusador), esto por supuesto refuerza la sensación de vergüenza y nos mantiene estancados.

Otro síntoma importante de la vergüenza adquirida no contenida es que nos mantiene en un estado de energía baja.

Otra manera de manifestarse es mediante dinámicas de auto-machaque (obsesiones con el aspecto físico, con ir al gimnasio, hacer deporte, etc…) o con dinámicas de extrema auto-indulgencia (excusarse continuamente, no salir de casa, aburrimiento y pereza continuada, atracones de comida, etc…) ambas variantes son compensaciones que intentan “equilibrar” o “anular” la vergüenza que sentimos en nuestro interior y las podemos alternar inconscientemente a lo largo del tiempo.

Por otra parte, la vergüenza también puede intentar ser “disfrazada” con roles de éxito, falsa seguridad en uno mismo, charlatanería y un sinfín de juegos en las relaciones interpersonales cuya base es la proyección emocional.

Es decir, a menudo una persona fuertemente avergonzada, tiende a fingir delante de los demás que sabe, tiene, puede, hace más y mejor como compensación de su sensación interna de vergüenza. Puede que tenga la necesidad de tener la última palabra o darle explicación a todo lo que ocurre a su alrededor automáticamente debido a su fuerte sentido de vergüenza interior. Sin embargo, al estar desconectada de esta vergüenza, proyecta en el exterior una imagen falsa y no alineada con su verdad interior, cosa que repercute en que los demás a su alrededor no la vean como realmente es y la acaben “idealizando” y viéndolas como su “salvador” “gurú” ”hombre perfecto” ”mujer perfecta” ”empresario exitoso”, etc… o todo lo contrario, pueden atraer enormes cantidades de rechazo y odio hacia su persona.

Es un patrón que se retroalimenta: la persona siente vergüenza y no sabe cómo gestionarla conscientemente por lo que inconscientemente lleva a cabo roles que hacen que la gente a su alrededor no la perciban real, tal como es, sino que ven la máscara, por lo que la persona siente aún más vergüenza al no sentirse vista realmente y hará nuevos esfuerzos usando sus ya viejos roles en un bucle…

Desde este estado de vergüenza adquirida no contenida también es común la identificación por no quedarse solo, es decir, la adhesión a ideologías, grupos, sociedades, corrientes, etc… con el propósito de no quedar solo y sentirse avergonzado por no estar integrado en un grupo con otros.

La envidia es la madre de las manifestaciones de la vergüenza adquirida no gestionada y no contenida. Básicamente consiste en proyecciones emocionales y mentales de comparación interna y externa con personas, situaciones u objetos dando como resultado la proyección de las propios dones y las propias sombras sobre la persona en cuestión que o bien “idolatramos” y “tenemos en un pedestal” o bien “odiamos” y “no la podemos ni ver”.

Gestión consciente de la vergüenza:

La vergüenza adquirida es un estado de trance en el que nos vemos secuestrados por una auto-imagen no real de quienes somos, una auto-imagen que a menudo se remonta a nuestra infancia. Una analogía sería decir que la vergüenza es un estado que es como unas gafas mediante las cuales vemos la realidad distorsionada.

Queremos también dejar totalmente claro para aquellos que hayáis padecido abuso de cualquier tipo durante la infancia, que no habéis sido los culpables ni responsables de lo que os pasó. La responsabilidad de lo que ocurrió era y es de las personas que infligieron los abusos, no vuestra. Sin embargo, las heridas originadas por estas situaciones son asunto enteramente vuestro y es importante que las tengáis en cuenta y las abordéis, de la misma forma que si uno se rompe el brazo ha de tomar unas medidas para su recuperación.

Lo que hemos observado que ayuda para gestionar la vergüenza son varias cosas:

  • La primera de ellas, pero no siempre la más fácil, darse cuenta que estamos en vergüenza, mencionar que como cualquier otra herida lo que nos puede dar una pista de que estamos en vergüenza son las estrategias que utilizamos, las compensaciones y adicciones para precisamente no tener que sentir esta vergüenza.
  • La segunda es comprometerse con uno mismo a no huir de la propia vergüenza y detener las estrategias y compensaciones que nos alejan de nuestros verdaderos sentimientos de infravaloración.
  • La tercera es investigar conscientemente la historia de nuestra propia vergüenza, escribiendo sobre ello y remontándonos a nuestra infancia para conocer las posibles causas de la misma, como punto de referencia.
  • La cuarta es abrirse a uno mismo a sentir profundamente los sentimientos propios de infravaloración y vergüenza a nivel somático y emocional (las sensaciones en el cuerpo como pecho hundido, dificultad para respirar, nudo en la garganta, inseguridad, sentimientos de no merecimiento, de indignidad, etc…)
  • La quinta es compartir con otro ser humano, de confianza, y expresar el malestar que se siente al estar en vergüenza y por qué sentimos vergüenza, preferiblemente en los momentos en los que nuestra vergüenza se vea detonada, nunca antes de haber hecho el paso anterior.
  • La sexta es contar los secretos a nuestros íntimos, para romper el tabú o el silencio que hemos guardado sobre bastantes cosas de nuestra vida y arriesgarnos a mostrar nuestras sombras.
  • La séptima supone tomar riesgos pequeños (enfrentar situaciones pequeñas que nos den miedo o exponernos en situaciones en las que sabemos que hasta el momento no hemos sido del todo honestos, atrevernos a mostrarnos más de verdad) y hacer cosas que nos hacen sentir bien aunque no sea del agrado de todo el mundo (p.ej. si sientes que quieres ir al cine solo, elevar la energía, bailar, lo que sea o pasar tiempo solo en la naturaleza, puede que la pareja tenga dificultad para aceptarlo, pero es importante respetarse para generar dignidad propia y sanar la percepción de vergüenza).
  • La ponemos en último lugar pero quizás sea con lo primero que haya que empezar averiguar si se tiene alguna intolerancia alimenticia y retirar este alimento de la dieta. Definitivamente para muchas personas esto crea un antes y un después. Tener en cuenta que para la mayoría de nosotros el azúcar, las harinas refinadas y los almidones son un gran desestabilizador de la fisiología interna y pueden provocar todo tipo de síndromes entre ellos disfunciones neurológicas e impacto en el estado de ánimo.

 

Meditacion en audio: Sanando el trance de la vergüenza.