08. Miedo y Shock

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Descripción conceptual: El miedo es universal y es un mecanismo que forma parte de la naturaleza y permite a los seres vivos mantenerse con vida el mayor tiempo posible. El mecanismo del miedo se desencadena ante un posible peligro o amenaza que pone en cuestión la seguridad e integridad del ser vivo en cuestión.

El propósito del miedo es activar al máximo nuestras facultades con el fin de permitirnos responder con éxito al evento de “crisis”, es el combustible emocional que alimenta la acción requerida del momento y salir vivos y airosos de él.

La dificultad del miedo en el hombre reside en que debido a su compleja psique y sus identificaciones con objetos materiales, creencias, etc… puede sentir miedo incluso cuando no existe una amenaza real en la realidad objetiva tal y como la hemos descrito en el primer párrafo.

El Shock (desbordamiento del miedo) es el estado en el que entramos cuando no podemos actuar frente a la amenaza. Toda la activación puesta en marcha para afrontar la amenaza se ve coartada y colapsa. Se ve coartada bien internamente porque no podemos revelarnos contra lo que nos agrede, por ejemplo cuando uno de los padres agrede físicamente a un hijo este no puede defenderse ni puede salir de esta situación amenazante, o bien porque la situación nos sorprende y no sabemos cómo responder con lo cual no actuamos.

El shock es la capacidad que tiene nuestro sistema nervioso (simpático) de desconectar nuestra consciencia nuestro “sentir” de nuestro cuerpo. De esta forma nos previene de sentir todo el dolor que la situación está generando. La dificultad está en que muchas veces, la situación de “peligro” se extiende en el tiempo, lo que significa que nuestro estado de shock puede mantenerse por periodos muy largos de tiempo y a la larga no somos conscientes de cuando estamos en shock y cuando no, ya que nos resulta un estado conocido y habitual. Sin embargo hay que tener muy claro que el estado de shock es un estado desconectado de nuestra sensibilidad, el impacto que tiene en nosotros es que nos mantiene en “trance o estado alterado de consciencia/percepción”, es decir sin acceso a nuestros verdaderos sentimientos, ya que precisamente, nos desconecta “del sentir”. Posibles consecuencias que pueden derivar de esto: hacer, no hacer, decir o no decir, cosas, que serian adecuadas, e incluso imprescindibles, para nuestro bienestar, siendo el contrario también verdad: hacer o decir cosas que nos dañan.

Miedo OBJETIVO:

Existe una situación real de peligro en el momento presente, lo que activa los mecanismos asociados al miedo para resolver en el menor tiempo posible la situación. Si podemos actuar frente a esta situación simplemente salimos airosos y el miedo se disipa. Muchas veces después de un episodio así solemos decir… ¡Que susto!

Cuando sucede esto se produce un refuerzo de nuestra capacidad de respuesta frente a adversidades y crece la confianza en nosotros mismos. (“Lo he pasado mal, pero he podido con ello, lo he conseguido”).

Miedo SUBJETIVO:

La situación es percibida como amenazante pero objetivamente no existe un peligro directo contra la integridad física del individuo. Podemos decir que este es el único miedo “ilusorio” que existe en el sentido de que no está respaldado por un fenómeno de peligro real.

Existen diferentes tipos de miedos subjetivos:

Miedo por identificación: Este miedo deriva de la identificación que podemos tener hacía una autoimagen nuestra, a un determinado objeto, creencia, etc… La situación amenaza la identificación y el miedo se detona como si la amenaza fuese hacía nosotros mismos. En la medida que podemos retirar nuestro sentido de identidad de cosas, creencias o autoimágenes dejamos de sentir este tipo de miedo.

Miedo cuya fuente es la Realidad Herida: Cuando somos niños existen muchas situaciones que nos pueden parecer de peligro y que los adultos saben que no lo son, en estas situaciones es bastante típico que se ridiculice al niño por sentir miedo y este se vea forzado a ir hacía la situación que le da miedo.

En este caso no se está respetando los sentimientos del niño.

Si bien podemos apoyar a que el niño actúe, siempre se han de respetar sus sentimientos.

Cuando somos adultos es fácil que estas mismas situaciones detonen el mismo miedo que sentimos cuando éramos pequeños.

Cuando la realidad objetiva trae una situación que sintoniza con algún, o varios, episodios vividos como traumáticos en su momento, esta situación tiene el potencial de producir un eco, más o menos fuerte, de la herida primigenia de nuestro interior, en este momento es cuando decimos que se ha detonado nuestra realidad herida, es decir nuestro niño interior, nuestra niña interior. En la mayoría de los casos sentimos miedo de que vuelva a ocurrir lo mismo que nos pasó y actuamos desde este miedo utilizando nuestras estrategias, compensaciones y adicciones.

Manifestación del miedo:

El miedo se puede mostrar de diferentes formas según su grado de intensidad y como reaccionamos ante la situación correspondiente.

Se puede manifestar de forma híper o hipo. No sabemos porque ocurre uno u otro tipo, es bastante usual que se manifiesten los dos tipos en un mismo individuo, es decir que ante ciertas situaciones puede experimentar el tipo hipo y ante otras el tipo híper.

Manifestación hipo del miedo = Shock: El sistema nervioso está alterado en el sentido de menos actividad, quedamos como “congelados”, sin posibilidad de actuar por nosotros mismos. Los síntomas pueden ser taquicardia, sudoración, manos y pies fríos con sudoración, mente en blanco, con gran confusión o con muchos pensamientos repetitivos, incapacidad de sentir, entre otros. Los síntomas pueden ser diferentes para cada persona aunque siempre existe una falta de conexión profunda con las sensaciones del cuerpo. También existe tensión y rigidez.

Manifestación tipo híper: El sistema nervioso está alterado en el sentido de más actividad. Existe tensión y muchos movimientos involuntarios ya sea corporales o de la mente con muchos pensamientos. Nerviosismo, taquicardias, ansiedad, agitación y mucho calor entre otros. Pueden originarse tics nerviosos, cuyo propósito es un intento de aliviar la tensión del cuerpo.

Gestión del miedo:

Tal y como lo vemos nosotros, una de la mayores dificultades con el miedo es que tenemos miedo del miedo, muchas veces es visto como algo que no tendría que estar/existir, sobre todo el miedo subjetivo que nos hace entrar fácilmente en vergüenza al tener la idea que no tendríamos que sentir miedo en estas circunstancias.

Lo que nos puede apoyar es tomar consciencia y aceptar que el miedo es una parte integral del ser humano y que seguramente en ciertos momentos de nuestras vidas será despertado. Esta aceptación y toma de consciencia actúa como una chispa que enciende combustible, que es el miedo, para actuar y superar los retos en cuestión. Cuando se trata de miedo subjetivo de antaño, ayuda enormemente emplear la energía del miedo (los síntomas que se manifiestan en el cuerpo tales como nudo en la garganta, estómago, nervios etc…) para tomar acciones creativas y crear a partir de esa energía, moverla. Eso se puede conseguir mediante el uso de la voz cuando sentimos miedo, o cantando, moviendo el cuerpo, haciendo pintura, escribiendo o representando con el cuerpo el miedo que estamos sintiendo.

Poco a poco se nos hace más llevadero lidiar con el miedo subjetivo y nuestra percepción de él deja de ser una de hostilidad y rechazo para pasar a ser una de serenidad y aceptación de su presencia ocasional en nuestras vidas. Ir poco a poco y respetar a esta parte que se siente con miedo a la vez que actuamos es clave para forjar confianza en uno mismo. Nuestra vulnerabilidad, también llamada niño interior o niña interior, tiene todo el derecho de sentirse con miedo, no es esta parte quien se tiene que enfrentar al miedo, es el adulto que ahora somos quien es el responsable de actuar y tomar pequeños retos.