Archivos Mensuales: Septiembre 2015

Inteligencia emocional: ¿por qué es fundamental el niño interior?

Caroline y yo llevamos camino de una década explorando este tema de la inteligencia emocional.

Hemos pasado individualmente por muchos diversos procesos, talleres, cursos y técnicas. Hemos dado cursos y talleres para explorar estos aspectos con muchas personas en diferentes lugares. Hemos observado las fortalezas de trabajar con la inteligencia emocional y sus debilidades desde muy diversos ángulos.

Sobretodo, hemos pasado y seguimos pasando día a día por un proceso de auto-observación y conversación entre nosotros que nos permite seguir ahondando en este tema que podríamos etiquetar como “inteligencia emocional”.

Pero, si vamos realmente al grano…

¿Qué es esto de la inteligencia emocional? y ¿por qué es fundamental en nuestras vidas para vivir en paz?

La inteligencia emocional es un tipo de capacidad que la gran mayoría de las personas tenemos para saber qué es lo que nos pasa a nosotros y a los demás a nivel de emociones y sentimientos.

Es una capacidad de identificar en los demás emociones y patrones así como identificar con mayor o menor claridad estas emociones y sentimientos en nosotros mismos. También la inteligencia emocional es la capacidad que nos permite observar con objetividad las relaciones emocionales que establecemos con otras personas y las relaciones emocionales que otras personas establecen entre ellas.

Se suele usar mucho el término niño interior para indicar la inteligencia emocional. Sin duda es una analogía o metáfora útil para entender que hubo un tiempo en el que la mayoría de los humanos experimentábamos la realidad de una manera muy emocional, muy centrados en el sentir y muy conectados con nuestras emociones y sentimientos.

El niño interior es una parte importante de nuestra inteligencia emocional porque conforma un especie de impronta más o menos cohesionada de las sensaciones, emociones y sentimientos que experimentamos y guardamos en nuestro interior fruto de vivencias tanto positivas como negativas en nuestro pasado.

De ahí es de donde para la mayoría de los humanos, salvo un pequeño grupo, proceden nuestra confianza, alegría, amor, autoestima o la mayor o menor falta de todas ellas.

De hecho, en base a cómo de sana haya sido nuestra experiencia, tenemos más o menos dañada nuestra vulnerabilidad, nuestras estructuras psíquicas profundas y nuestros más escondidos rincones del sentir.

Aquí valdría decir aquello de “las experiencias que nos marcan” se pueden entender a la luz de la metáfora del niño interior, esa parte emocional que vive en nuestro interior.

Hemos constatado que la inteligencia emocional no es algo estanco en la gran mayoría de las personas, sino que con ciertas acciones y procedimientos uno puede recuperar muchas partes dañadas y desarrollar aspectos que estaban en modo semilla y sin germinar haciendo que en nuestra vida podamos vivir con mayor paz de espíritu, no porque dejemos de sentir sentimientos o emociones  sino porque comenzamos a vivirlos de una forma en la que las entendemos, en la que no nos desbordan tanto y en la que las utilizamos para aprender y sanar nuestros lazos con todos los “cachitos” de nosotros mismos.

Sin embargo, la inteligencia emocional va más alla del niño interior. La inteligencia emocional tal como la entendemos nosotros y la explicamos, tiene que ver además justamente con las capacidades que hemos desarrollado como adultos para observar, gestionar, apoyar, entender y compartir esa emocionalidad que la mayoría llevamos dentro.

La inteligencia emocional también tiene todo un aspecto de saber estar con las emociones del otro, saber respetar esas emociones y vivir la vida con empatía, es decir, pudiendo confraternizar con las emociones de aquellas personas con las que tenemos una conexión emocional establecida

Es decir, la inteligencia emocional tendría como tres partes, una neutra: el acontecer de las emociones, sentimientos, intuiciones y sensaciones momento a momento en nuestro interior, ese niño interior que la mayoría llevamos dentro; una pasiva: nuestra observación y análisis de ese niño interior, los fenómenos de emoción, sentimientos, sensación e intuición en nuestro interior; y una activa: nuestra comunicación y nuestras habilidades para compartir lo que en nuestro interior se haya en diferentes momentos de nuestras vidas. La capacidad de permitirnos expresar nuestra vulnerabilidad con el otro.

De ahí se deriva la fundamental importancia de nuestra inteligencia emocional: nos dota de las herramientas que dan profundidad a nuestra vida, hacen que tenga un sentido más allá de la acción per se y pase a tener un sentido en el sentir y en el ser que son aspectos más profundos y menos evidentes de la realidad.

Dos cualidades de la inteligencia emocional que nos son realmente útiles y beneficiosas en la vida son por un lado la empatía y por el otro aprender a detectar a aquellas personas que la tienen muy dañada o no la tienen, saber leer la emocionalidad del otro de manera profunda puede ser la mejor de las defensas, es la profilaxis, la prevención.

La característica estrella a desarrollar de cada elemento de la inteligencia emocional serían los siguientes:

Del elemento neutro: la experimentación consciente de nuestro mundo interior. Desarrollar el sentir.

Del elemento pasivo: el análisis objetivo de nuestro mundo interior y exterior. Desarrollar el pensar.

Del elemento activo: la voluntad y la empatía para vivirlo todo. Desarrollar el hacer.

Es cuando comenzamos a entender que el mundo interior que vivimos es también importante como lo es el mundo exterior en el que nos movemos que comenzamos a tomar más en cuenta a nuestro niño interior y comenzamos a entender poco a poco, paso a paso la historia de nuestras marcas, comenzamos a entender cómo sentimos y eventualmente ganamos acceso a rincones de nuestro sentir que antes estaban cerrados bajo llave porque dolían demasiado.

Expresándolo con una sola idea sería que, cuando establecemos una actitud abierta con nosotros mismos, con nuestro niño interior y con nuestra complejidad cimentamos las bases para construir una vida en la escucha lleva a la comprensión, la comprensión a la profundidad del sentir, la profundidad del sentir a la empatía y de la empatía a la acción consciente y con el alma en paz.

Os deseamos de corazón que tengáis muchos ratos para dedicaros a vuestra interioridad el resto de vuestras vidas.

Un abrazo!

Marko y Caroline




Psicopatía terciaria: la nueva religión de la auto-sugestión

En la clase 17 del curso multimedia EFAC explicamos los principales puntos que ilustran con claridad que existen dos tipos de psicopatía, la primaria (innata) y la secundaria (la intoxicación por contacto con los primarios o por trauma severo).

Vamos a atrevernos a ir un paso más allá y a sugerir la existencia de un tercer tipo de psicopatía, al que llamaremos psicopatía terciaria o psicopatía por auto-sugestión.

A diferencia de las dos anteriores, la psicopatía terciaria no sería impuesta por factores genéticos o traumáticos directos, sino que sería el resultado de la voluntad de las personas atrapadas por un poderoso ejercicio de constante auto-sugestión que deriva en comportamientos idénticos al de los psicópatas, pero amparados en una justificación “espiritualizada”.

penduloLa psicopatía terciaria hace uso de axiomas espirituales totalmente sacados de contexto en los momentos en los que la vida apela al sentido de empatía del humano y a su capacidad para diferenciar el bien del mal provocando que este no actue o racionalice los eventos sin intervenir.

Dado que el humano en cuestión tiene la mente saturada de una serie de creencias que veremos a continuación, se ve incapaz de actuar con sus capacidades innatas de empatía, discernimiento y sano juicio del bien y del mal, incurriendo en comportamientos que no le alejan en la práctica de un psicópata primario o secundario.

Vamos a poner primero tres ejemplos de dominio público y luego vamos a analizar en detalle las creencias que sostienen este trastorno perceptivo hasta el punto de degenerar en un elemento auto-sugestionador y auto-hipnotizante que deriva en la psicopatía terciaria. Leer más ›




Clase 17: Protegiéndose del psicópata. La protección a la luz de la ponerología.

La mayoría de nosotros queremos mantener relaciones de confianza con las personas a nuestro alrededor. A menudo, ese proceso de abrirnos a alguien lleva tiempo pasando de ser más desconfiados, reservados a ser gradualmente más abiertos . Necesitamos que se “ganen” nuestra confianza de verdad.

Si con el tiempo la confianza sigue sin aparecer y el clima sigue siendo tenso o frío, puede deberse a varias razones, sin embargo, es probable que haga falta investigar los condicionamientos que uno tiene respecto de las relaciones y los hechos que hayan podido marcarle en su vida que lleven a la desconfianza crónica. También la dificultad puede residir en el otro lado de la balanza: el otro.

Para eso están nuestra clases anteriores, revisadlas y encontraréis material para ayudaros a acoger y reeducar ese niño interior que se ha quedado en trance de desconfianza en nuestro interior para que podáis paso a paso ir tomando el riesgo de confiar de nuevo en alguien y abriros a compartir mostrándoos más.

En esta clase nos proponemos explicar el por qué de nuestro estado de desconfianza inicial como un mecanismo adaptativo de protección necesario y sano ante un peligro real en la vida: los psicópatas y la ponerogénesis.

La palabra psicópata es la combinación de dos conceptos griegos psico-mente y patos-enfermedad.

Personas cuya mente está enferma. Son personas que no sólo se comportan de maneras que dañan a los demás sino que procesan la información de una manera estructuralmente anómala y diferente desde que nacen hasta que mueren, una manera en la que la humanidad y lo que se deriva de ella (empatía y ética) no hacen aparición en ningún momento en sus mentes. Es decir, son, en su aspecto físico como los demás humanos, pero a partir de ahí son in-humanos.

A las personas nos gusta pensar o creer que todos somos fundamentalmente buenos y que todos llevamos algo de bueno en el interior, pero parece ser que no es más que un mero pensamiento o creencia mágica para no tener que lidiar con la dimensión real del trastorno psicopático que podemos presenciar en personas de nuestras vidas y en nuestras sociedades.

Huir el mirar de frente este problema que es perenne en nuestro mundo no hará que desaparezca.

Tal es el impacto de estas personas “especiales” que sus rasgos ponéricos a menudo de alguna forma nos han intoxicado y ni somos consciente de ello. Vamos a ir abordándolo poco a poco.

Veamos primero un vídeo respecto de cómo funciona el cerebro de los psicópatas:

Si el cerebro de las personas psicópatas procesa la información del daño humano, colectivo y medioambiental de manera “neutral” significa que entonces no importa lo que nos ocurra de desagradable a nosotros, a la sociedad o a la Tierra estando al lado de un psicópata, éste o ésta no relacionará a nivel emocional lo que está pasando, no sentirá nada y básicamente le dará igual.

De hecho si quiere algo de nosotros, de la sociedad o de la Tierra, no dudará en cogerlo y actuar en su beneficio aunque haya personas, colectivos o medioambientes dañados en el proceso.

Ahora, os proponemos visionar este interesante capítulo de Redes con E. Punset y Robert Hare, uno de los máximos conocedores de este trastorno que afecta primariamente a un mínimo de un 1% y un máximo de un 6% y secundariamente a entre un 12% y un 18% de la población mundial según diferente estudios sobre el tema (del minuto 20 al 24 se tratan temas que no van con el tema y el tramo que nos interesa es hasta el minuto 42; el criminólogo español que habla posteriormente a Punset y Hare hace un uso muy libre de los conceptos, mezclando varias ideas que pueden llevar a confusión, aunque su conclusión final justo antes del final la compartimos, ya que hace una clara distinción entre los criminales psicópatas y los que no lo son):

Hay un segundo capítulo de redes, bastante anterior abordando el mismo tema que contiene otros aspectos muy interesantes también: (https://www.youtube.com/watch?v=tDRTS_ol72)

Cuando vamos entendiendo cómo operan por dentro estos “humanos especiales” nos vamos dando cuenta de que efectivamente bien podrían ser muchos de los ídolos y líderes de la historia y de nuestro tiempo presente: gente con carisma poderoso, encantadores, gente que parece extremadamente segura de sí misma, gente que parece no tener miedo, etc…

Es curioso que perfiles como esos atraen a millones de personas que desean tener esos rasgos: no tener inseguridad, no tener problemas de auto-estima, no tener ansiedad, no tener miedo, ser brillante o extremadamente convincente, o ser iluminado, ser santo, ser perfecto etc…

Nos atraen porque les vemos diferentes pero pensamos que son como nosotros, pero una versión “mejorada al máximo” y que por tanto si seguimos sus consejos, enseñanzas y técnicas llegaremos a ser como ellos. Pensamos que si hacemos “no se qué cosas” podríamos ser como ellos o vivir como ellos, cuando en verdad nunca seremos como ellos, porque para ello tendríamos que haber nacido con el cerebro funcionando de otra forma, una forma in-humana.

De hecho nos resulta aterrador tan siquiera pensar que la cadena de depredación no terminase con el humano en la cúspide, sino que por encima del humano natural está su depredador natural, el humano psicópata. Sin embargo a medida que pasa el tiempo y las informaciones se suman, el volúmen de indicadores que apuntan en ese sentido hace insostenible aguantar el axioma infantil de “todos somos buenos en el fondo”, “todos somos amor/luz en el fondo”, etc…

Hemos subtitulado un vídeo que presentamos a continuación que creemos que es el mejor de todos, ya que explica en detalle no solamente las características, sino las tipologías, el proceso de ponerización social y también cómo afrontar el tema de la psicopatía en nuestras relaciones personales y sociales/laborales. Todo eso en 37 minutos.

Hay unas pocas cuestiones que comentar antes de que lo veas:

Las imágenes que aparecen de personas/políticos, aunque en el vídeo se afirme que son psicópatas, no se puede saber hasta que nos se les realizasen la pruebas cerebrales correspondientes para determinarlo, por tanto no nos situamos ni a favor ni en contra de las personas que aparecen, sencillamente no sabemos si lo son o no, aunque de algunos podamos sospecharlo más y de otros menos. Sospechamos que muchas lo sean y se nos ocurren muchos ejemplos de personas que podrían figurar en el vídeo y no figuran.

Por otra parte, el cerebro humano tiene lo que se conoce como plasticidad, es decir, es capaz de -hasta cierto punto- modificar y malear sus conexiones, por lo que algunos de los casos de psicopatía secundaria descritas en el vídeo, con la terapia adecuada podrían paliarse. Tampoco descartamos que la ciencia del cerebro pueda evolucionar hasta poder alterar la manera en la que opera el cerebro del psicópata, pero por el momento eso es un deseo y no una realidad.

Por último, avisamos de que nosotros nos posicionamos claramente en la solución de evitar a los psicópatas en nuestras vidas, no enfrentarlos abiertamente, dado que nosotros partimos de la base de que debido a su disfunción, estamos en franca desventaja y no podemos detener a alguien que no tiene límite alguno teniendo nosotros límites éticos infranqueables, por lo que recomendamos huir y encontrar ambientes no sectarios de apoyo real.

Aquí va el vídeo del cual recomendamos toméis apuntes y reflexionéis profundamente. Intentando identificar estos rasgos en las personas de vuestro pasado y presente así como rasgos de psicopatización con los que os hayáis podido intoxicar para comenzar a detenerlos lo antes posible en vuestras vidas y entornos:

A menudo ocurre que cuando nos relacionamos con psicópatas o con personas que no lo son pero tienen muchos de los rasgos psicopáticos desarrollados, nuestras vidas se tornan caóticas y podemos llegar hasta un punto de confusión y desesperación muy altos.

Ello se debe muchas veces a que no sólo no sabemos la naturaleza de lo que estamos viviendo realmente, no sabemos que estamos siendo depredados de nuestra vitalidad, energía y recursos, sino que además caemos en la mentalidad viciada que estas personas nos inoculan, que son incluso capaces de convencernos de que todo lo malo que pasa es culpa nuestra.

Si conseguimos salir de estas situaciones y decidimos solicitar ayuda, es importante tener en cuenta algunas cosas:

Es muy peligroso y anti-terapéutico mantenerse en grupos que aún auto-denominándose terapéuticos o de sanación, no reconocen la realidad de la psicopatía y la ponerogénesis e intentan convencer a sus miembros de que todos los seres humanos somos buenos (o somos luz, o amor, o dios, o esencia, o lo-que-quieras-bueno) y de que si la relación con la persona X no funcionaba tú seguro que tenías algo que ver, el 50% o directamente tú “atraías” ese tipo de relación.

Mientras que puede que eso sea cierto en algunos casos entre personas normales, si te estabas relacionando con un psicópata primario o secundario, eso deja de ser cierto y pasa a ser un elemento anti-terapéutico porque es falso.

Otro concepto con un impacto negativo en grupos auto-denominados “terapéuticos” es la anulación del bien y del mal, la afirmación de que bien y mal no son sino etiquetas y que “todo es uno”, amparándose en ideas como el karma y las vidas pasadas, etc…

O bien toda ideología supuestamente terapéutica que no respete los principios fundamentales de no-agresión y legítima auto-defensa como normas éticas básicas que diferencian la acción correcta de la incorrecta.

Toda afirmación “terapéutica” como las mencionadas arriba son peligrosas y anti-terapéuticas porque trasladan la culpa por las acciones dañinas del agresor (el o la psicópata que las cometió) a la víctima haciendo muy difícil salir del bucle de auto-castigo, auto-sabotaje y auto-destrucción para esta última. Si ese ha sido tu caso, es imperativo que sepas que TU NO TENÍAS NI TIENES LA CULPA  de que aquella persona te depredase. Cada uno es responsable de SUS actos y tu no eres sino responsable de los tuyos propios y ante un psicópata y sin conocimientos adecuados eras totalmente vulnerable a sus malas artes.

No ayudan tampoco ideas “terapéuticas” como que las personas “verdaderamente espirituales y sanas emocionalmente” van por la vida “abiertas” a los demás, con el “corazón abierto”, con los “chakras abiertos”, con la “energía abierta” siempre en cada instante, momento a momento no importa con quien traten, etc…

Esto no es ni un buen consejo ni recomendable en absoluto. De hecho es la receta perfecta para ser “carne de cañon fácil” para individuos sin conciencia. Es anti-terapéutico. Repetimos que, una vez hayas establecido contacto con la persona o grupo y estés comprobando que efectivamente es una persona sana o grupo sano, abrirse profundamente es genial y necesario para ahondar en tus relaciones tanto individuales como grupales, antes de que hayas comprobado eso, no lo es.

Encontrar un equilibrio adecuado entre sano escepticismo y sano riesgo de aventurarse a explorar puede ser una buena clave.

Asimismo toda terapia que no sepa diferenciar dos tipos de víctimas al menos (aquellas que usan la victimización como manipulación para obtener algo y aquellas que han sido efectivamente víctimas de personas con trastornos psicopáticos) y afirmen que “hacerse la víctima” es malo siempre, que es una protección siempre, o que es desempoderador siempre, sin hacer distinción alguna tampoco ayudan en dirección hacia la curación.

No ayudan porque reconocerse a uno mismo como víctima ante el ataque de un psicópata ayuda a darse cuenta de que uno no tuvo la culpa de lo ocurrido, eso no significa que uno no haga nada para salir adelante, pero sí que sacudirse de encima la culpa asumida que pertenece al agresor declarándose víctima de un abuso es uno de esos pasos hacia la verdad necesarios en todo proceso de crecimiento real para hacer justicia a lo acontecido y reparar lo reparable en nuestras vidas para seguir adelante.

Nos ayuda a romper todo resto de síndrome de estocolmo que quedase.

Un penúltimo apunte importante a destacar es éste y consideramos que es de enorme importancia:

Aquellas personas que tienen como estrategias de defensa ante los desconocidos y grupos nuevos el:

  • ser extremadamente simpático,
  • fusionarse inmediatamente con la persona o grupo,
  • abrirse en exceso y contar todo sobre uno mismo,
  • ser muy amable, empático y atento olvidándose de sí mismos,
  • ser enormemente emocional y expresivo en los primeros contactos

Son personas que a nuestro parecer tienen que plantearse inmediatamente cambiar su estrategia ante los desconocidos, porque son presas fáciles de personas con trastornos psicopáticos o psicópatas primarios.

Para ello es bueno usar la técnica de la piedra gris: Acordarse al conocer a alguien de ir despacio, no desbocarse y en la medida de lo posible volverse un poco “gris” al principio, eso expone mucho menos ante desconocidos.

Nadie puede cambiar la manera en la que el psicópata usa la información en su cerebro, al menos no de momento. Si se descubre algun tratamiento en este sentido será un gran avance hacia una civilización verdadera.

Mientras tanto nos permitimos hilar la siguiente conclusión para dar por finalizada la clase 17.

Conclusión:

Honrar y entender que nuestros mecanismos de defensa (salvo el citado arriba) cuando conocemos a personas nuevas o entramos en ambientes grupales nuevos son herramientas adecuadas que intentan protegernos y no cosas que debemos eliminar a toda costa de nuestra forma de ser.

Estar alerta es una buena cualidad para tener despierto el discernimiento, el sano juicio y las capacidades ante las nuevas relaciones en la vida, ya sean individuales o grupales. resulta una gran prevención.

Es importante que si hemos caido en las manos de un psicópata salgamos lo antes posible de esa situación y busquemos ayuda de verdad en gente que entienda profundamente la situación que nos ha tocado vivir.

Os deseamos mucha suerte y fortaleza de voluntad y espíritu para conseguirlo.

Un caluroso saludo para todos y todas.

Caroline y Marko