Archivos Mensuales: Junio 2014

La falacia del doble vínculo

lider¿Aún sigues siendo pobre? ¿todavía no has dejado de tener conflictos con tu pareja? ¿Sigues sin experimentar éxtasis en tus relaciones íntimas con tu pareja? ¿ya has entrado en conexión con tu Ser profundo y con la existencia? ¿Aún te sientes separado del “fluir” de la vida? ¿has dejado de desaprovechar todo tu potencial?

¿Has notado el sutil o el descarado efecto que tienen estas preguntas en tu estado anímico? Si tu humor ha cambiado y te sientes más chafado/a o menos valioso o seguro de ti mismo/a después de leer estas preguntas es que eres influenciable por la falacia del doble vínculo y estas frases han sabido detonar un estado de vergüenza inducido en ti.

Esta falacia, muy extendida en la publicidad y en innumerables ámbitos de la sociedad, tales como en el mundo de la autoayuda, la nueva era, los negocios express, coaching, sectas, etc… es un elemento cuyo poder de manipulación consigue atraer a innumerables personas que no están atentas consiguiendo un elevado ratio de conversión (nueva clientela) de manera muy fácil.

El doble vínculo consiste en establecer premisas falsas a las que no se puede contestar de maneras acertada ni positiva ni negativamente sin entrar en contradicción. Al entrar en contradicción, la persona que es preguntada por tal o cual “profesional”, se siente momentáneamente incapacitada para contestar, despertando en gran parte de las personas los síntomas de un estado de vergüenza inducido (acaloramiento, confusión, pudor, malestar, sentimientos de minusvalía, etc…). Como cuando éramos pequeños y nos preguntaban algo en clase y no sabíamos contestar… “por dios, si que estoy mal, todos alrededor parecen pillarlo menos yo, se les ve tan bien y que lo tienen tan claro, debe ser que soy defectuoso, va a ser que realmente necesito hacer este curso o comprar este libro para aclararme”…

Las preguntas iniciales, parten de premisas falsas, ya que, tomemos por ejemplo, la pregunta del “extasis en tus relaciones íntimas”, no puedes contestar con un sí o un no, sin admitir implícitamente la existencia de tales estados y su necesaria idoneidad, entrando en contracción con tus propias premisas.

Si contestas que sí, entonces necesitas el curso que tenemos preparado para tí…. (previo pase por caja, claro) y si la contestación es no, entonces quedas en evidencia, ya que se supone que estas asistiendo o recibiendo la información por algo, no la estás oyendo porque sí, las casualidades no existen, todo, absolutamente todo está predestinado (nótese el inciso irónico) y si estás oyendo esto es que lo tenías que oir. “No importa que se defina o explique para nada lo que significa el “extasis” por el que se pregunta a la persona, eso ya lo dejan a la imaginación del asistente a la charla, que de momento ha quedado en un estado medio catatónico y se encuentra luchando porque no se note su sensación de horrible ridículo de no tener “extasis” en sus relaciones íntimas de pareja, con lo “cool” que deben de ser los orgasmos del “maestro” que parece tan seguro de si mismo, tan deshinibido, espontáneo y natural…

Esta técnica de manipulación se basa en la noción de que lo que el emisor propone necesariamente es la manera correcta de vivir, de comer, de dormir, de hacer el amor, de respirar, de trabajar, de usar tu dinero, de “lo que sea” y “todo el mundo debería darse cuenta de ello y ponerlo en práctica”. Por tanto las preguntas ya van con esta premisa implícita en ellas, aunque el interlocutor no la conozca, no se la hayan explicado o directamente no tenga nada que ver con el destinatario. “Si no lo haces como “el vendedor” es que no te enteras, no vas a la última, estás dormido, no eres espiritual, no te importan las cosas importantes,etc…”.  Su fuerza reside en la falsa premisa inicial, aderezada con la falta de explicación de la terminología, el empleo, en multitud de ocasiones del factor “misterio” y una presencia carismática sazonada con una fuerte dosis de dominio de la oratoria y de aparentar ser lo que no se es.

Cuando se trata de cuestiones como tener los dientes blancos, o comprar tal o cual producto que anuncia la televisión, hay un cierto grado de inmunización, debido a la saturación por el volumen de publicidad recibida y debido a que sabemos que no tenemos que interactuar con la televisión, nadie nos mira, ni el mensaje está explícitamente orientado a nosotros como individuos con nombre y apollidos. Sin embargo, cuando nos encontramos en la presentación de un libro, en una charla demostrativa, en un coloquio y el orador nos habla directamente a nosotros, sin haber querido intervenir y en presencia de todos, las circunstancias son muy diferentes.

Además, en estos casos no se habla del blanco de los dientes, sino de temas que por lo general puedan ser más importantes para la persona, como su dinero, salud, sexualidad, mentalidad, capacidades, habilidades, emociones, etc… y por tanto pueda despertar sensaciones mayores de incomodidad ser abordados solitariamente ante un ambiente en el que no se conoce a las personas y se está guardando un sano campo de protección.

Identificar estos fenómenos se hace más fácil cuando mantenemos un cierto grado de sano escepticismo y observación en la persona que está presentando cualquiera que sea la información, especialmente si la información implica la posterior compra o no de algo y si aprendemos a apreciar los “tirones energéticos” que la persona pueda estar haciendo para “llamar nuestra atención” o “llevarnos a su cancha”.

En última instancia, de nosotros depende el no comprar, o entrar en relaciones con personas cuyo proposito es el vampirismo, eso supone una gran responsabilidad y también un gran poder a manejar, el poder de decir no cuando es necesario decirlo.




La liberadora monarquía interior

nTE8GkyTACoincidiendo con la abdicación de Juan Carlos I y la proclamación de Felipe VI como rey de España, aprovechamos la tesitura de los acontecimientos para “romper una lanza en favor de la monarquía”. Sí, en favor de la monarquía… pero…. de la monarquía interior.

La palabra monarquía significa mon (uno) -arch (gobierno, gobernante) “el gobierno de uno solo, un solo gobernante, un solo rey”. En este texto vamos a hablar sobre la monarquía interior. Es decir, el auto-gobierno de uno mismo.

De todos es sabido que el rango de reacciones y respuestas de un ser humano frente a un acontecimiento es muy variado. Podemos reaccionar instintivamente, podemos reaccionar de manera emocional primaria, podemos responder emocionalmente de maneras más elaboradas, podemos responder de manera intelectual programada, de manera intelectual creativa, o una mezcla de varias de ellas al mismo tiempo…

Esto se debe a que pese a tener un cerebro, en realidad tenemos un “tres en uno” como cerebro. Nuestro cerebro se compone de tres partes diferenciadas cuyos propósitos, lenguajes y maneras de funcionar son diferentes y sin embargo operan a la vez la mayor parte del tiempo.

Si bien, cada parte de nuestro cerebro tiene usos singularmente útiles, el problema reside en el hecho de que hemos “aprendido” a usar las partes del cerebro inadecuadas para los momentos inadecuados.

P.ej: si ahora mismo, (es solo un suponer eh?) se empieza a desmoronar el techo de tu casa, ¿qué parte de tu cerebro será la mas útil para funcionar? la que te permita salir del estado de peligro en el menor tiempo posible y con las mayores precauciones posibles, es decir, el cerebro instintivo o reptil. ¿Qué pasaría si en vez de evacuar rápidamente tu casa en este supuesto te pusieses a llorar y a filtrar emocionalmente la situación en busca de una solución? ¿o qué pasaría si en esta situación te pusieses a deliberar y analizar las posibilidades de que la grieta que está abriendose en el techo que está a punto de desplomarse encima tuyo, se deba a que el vecino ha instalado suelo radiante recientemente?¿está claro, verdad?

Pues bien, digamos que cada uno de estos cerebros están orientados hacia una determinada direccionalidad: tenemos un cerebro enfocado a la acción, otro al sentimiento y un último al pensamiento por decirlo muy simplificadamente (ya que no es exactamente del todo así, porque hay funciones que se solapan en algunas zonas, pero lo hablamos así que es más fácil).

En ¿qué consistirá por tanto la monarquía interior?, pues justamente en conocer cada uno de nuestros cerebros, como operan, qué necesitan para funcionar al máximo y bajo que circunstancias nos ayudan o nos perjudica su uso en las diversas circunstancias de nuestras vidas.

Las causas para el desajuste pueden ser de tipo alimenticio, por agentes contaminantes, tóxicos, contaminación electromagnética, eléctrica, debido al factor exógeno, al que le dedicaremos un artículo próximamente y a menudo nuestras dificultades al respecto se hayan en que, debido a posibles circunstancias del pasado, eventos duros o traumáticos, nuestra parte instintiva y emocional se activan con mucha fuerza, (en previsión de protegernos de la repetición de los eventos traumáticos de antaño) volviéndonos totalmente adictos a encontrar una solucion reactiva inmediata o a sobre-emocionalizarnos y desbordarnos perceptivamente ante los eventos y subjetivizarnos de maneras muy radicales.

En otras ocasiones, ocurre que ante determinadas situaciones quedamos congelados, haciendo un uso único y programado de nuestra facultades mentales, cuando se requeriría tener activado nuestro sentir y actuar.

Y por último, hay ocasiones en las que el pensar y el sentir, se sobreponen totalmente al actuar, manteniéndonos esclavos de nuestra subjetividad, e imposibilitándonos tomar acción.

¿Qué provoca todo esto en la práctica? pues provoca muchas cosas: provoca que no sepamos defendernos bien ante las agresiones; que no podamos o sepamos mantener y desarrollar nuestra capacidades de pensamiento individuales, nuestro discernimiento, sano juicio y sentido común; que ante ciertas personas nos sintamos tan desvalidos que las figuras pasen a ser percibidas como autoridad, nuestro sistema emocional se desborde o nuestra mente se quede paralizada ante ellas, haciéndonos sentir que somos inferiores que nuestros interlocutores; que nuestra emocionalidad sana, nuestro sentido del cuidado y del amor no esté presente cuando lo necesitamos, que nuestras relaciones sociales con quien sean, se desarrollen de maneras muy reactivas, en las que perdemos el control sobre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos; que nuestra voluntad quede adormecida, desactivada o relegada al último plano debido al miedo mental o emocional, etc…

Encontrando el punto común a todos estos conceptos en uno, estos problemas derivan en una falta de soberanía de uno mismo, en una falta de monarquía interior. ¿Y qué pasa cuando uno no es rey de sí mismo? ¿qué pasa cuando uno no piensa por sí mismo? ¿cuando no siente por sí mismo? ¿cuando no razona por sí mismo? ¿cuando no se vale y no hace valer sus opiniones por sí mismo?

Lo que ocurre entonces es que aceptamos diversas cotas de esclavitud y aceptamos que sean otros los que hagan esas cosas por nosotros, que piensen, sientan y actuen por nosotros, ya que nosotros mismos no sabemos, no podemos o no queremos hacerlo.

Finalizo haciendo alusión a una muy buena reflexión del investigador estadounidense Mark Passio en su seminario sobre la Ley Natural: “Cuando tengamos monarquía interior, podremos tener anarquía exterior” es decir, cuando tengamos la voluntad y seamos capaces de tener auto-gobierno de nosotros mismos, no necesitaremos a otros que nos gobiernen a nosotros imponiendo su voluntad por sobre la nuestra.

Os animamos a desarrollar sin descanso vuestra monarquía interior en todo aspecto posible, vuestra libertad individual y nuestra libertad colectiva depende mucho de ello.

Un abrazo




El poder de la decepción-desilusión

171Para la mayoría de los humanos cuyo sistema emocional opera de manera normal, existen momentos que “detonan” o activan sensaciones y emociones de decepción y desilusión.

Que algo que querías hacer no puedas hacerlo, que algo que esperabas que ocurriese no ocurra, que alguien haga algo que no te esperabas, que el grupo con el que te identificas no obtenga los resultados que querías, etc…

Si nos fijamos en la palabra des-ilusión, veremos que el proceso que se ha puesto en marcha, efectivamente es un proceso deconstructivo: implica la desmantelación de una ilusión previa, la destrucción de ciertas expectativas.

Y no es que tener ilusión y expectativas sea siempre malo per se, sin embargo, depende mucho sobre qué premisas nos fundamentamos para construir la ilusión, la esperanza y las expectativas.

Cuando construimos estas ilusiones en nuestro interior basándonos en nada más que nuestra subjetividad (nuestros deseos de que las cosas sean de determinada forma) sin mantenernos en contacto con la realidad objetiva, lo que en realidad estamos haciendo es construir una casa sobre arena. Puede que construir esperanzas, ilusiones o expectativas en estos casos, sea, justamente, una manera de no tener que enfrentar ciertos aspectos de la realidad que no nos agradan. Puede que nos ayude a distraernos de la verdad y a no encarar las cosas a nivel individual y colectivo. Pero son paliativos que eventualmente se muestran inoperativos.

Hay veces que construimos sanas ilusiones y expectativas, fundamentándonos en la realidad objetiva, como por ejemplo cuando trabajamos para conseguir cierto objetivo con esfuerzo, voluntad y entrega. Estamos creciendo fruto de ese proceso y aunque el objetivo pueda no verse cumplido, el mismo proceso nos habrá hecho crecer, habremos construido algo nuevo, ya no seremos los mismos de antes.

El mayor poder que tienen la decepción y la desilusión residen justamente en su punto más bajo (paradójicamente el mayor beneficio se puede extraer del mayor “bajón”) ya que, cuando nos desilusionamos o decepcionamos, ello implica forzosamente que nuestras expectativas, ilusiones y esperanzas se han demostrado falsas al fín y tenemos la oportunidad, justo en esos momentos, de ponernos en contacto con realidades internas y externas a las que normalmente no accedemos voluntariamente o de las que huimos.

El problema, sin embargo, es, que como la sensación de decepción que se experimenta es incómoda, lo que deseamos hacer es dejarla atrás cuanto antes. El poder de la desilusión y de la decepción se hayan justamente en su capacidad de llevarnos a tocar espacios psicológicos, emocionales y corporales mucho más profundos, brindándonos una gran oportunidad para zambullirnos en nuestra “humanidad”. Y justamente de eso se trata: de darnos el permiso de no ver la desilusión y la decepción como cosas que hay que rechazar, sino experimentar individual y colectivamente estos estados como lo que son, estados.

Me hace recordar, cuando iba al colegio y el profesor o profesora explicaba un tema que me era totalmente nuevo y las primeras sensaciones al enfrentarme a un tema nuevo eran de: “no entiendo nada” “¿de qué carajos está hablando?” “¿qué?¿cómo? no entiendo nada”…

Cuanta más resistencia a sentir mi desasosiego tenía y más la rechazaba, más tiempo tardaba en poder atravesar mi malestar para ir más profundo y acabar asimilando (introduciendo y elaborando en mi interior) lo que se me explicaba.

Con la decepción y la desilusión pasa algo parecido. Cuando nos damos permiso para entender y vivir ese estado como una fase y una posibilidad de nuestro cuerpo físico, mental y emocional igual de válida que cualquier otra, nos daremos cuenta de que esa “deconstrucción” de nuestros esquemas que a menudo son falsos, supone también una profundización en la realidad de las cosas y en la realidad de uno mismo.

A menudo ocurre que, si comenzamos a no luchar la decepción y la desilusión y les damos algo “de cancha”, afloran ganas de llorar, tristezas y sentimientos de soledad-vacío. Puede incluso, que salgan a la luz memorias de tiempos en los que nos sentimos parecido a como nos estamos sintiendo en la actualidad. Es normal y positivo, el cuerpo, la mente y las emociones tienen su momento para revivir partes que hayan podido quedar pendientes del pasado.

De hecho, recientemente nos hemos topado con el termino “destintegración positiva” acuñada por un psicólogo, de apellido Dabrowski, que explica, que nuestra personalidad crece mediante procesos de desintegración (“desilusión-decepción”). Si esta desintegración se entiende como un evento transitorio en el que el viejo yo se desestructura, para dar paso a un yo nuevo, más experimentado y amplio, es una desintegración muy valiosa y positiva, es el proceso de crecimiento vital mismo.

Muchas personas tenemos miedo de permitirnos sentir estas emociones, porque tenemos creencias de que “si las sentimos nos paralizarán, nos volverán incapaces de seguir viviendo, nos engullirán”. Esas suposiciones aunque sean un legítimo intento de protegernos del dolor, no son ciertas en la medida que aparentan serlo.

Efectivamente, siempre corremos el riesgo de quedarnos “enganchados a las emociones” y por ello lo importante es entender que estas oportunidades, son oportunidades de visitar ciertas habitaciones de la casa interior de uno mismo. Visitar, que no instalarse en ellas.

Puede que alguno se pregunte: ¿de qué me sirve sentir algo tan desagradable como la decepción y la desilusión?. Sirve, sobretodo, para dejar de tener miedo a la tristeza y a la soledad. Sirve para que podamos atrevernos a hacer cosas en nuestras vidas que quizás no nos atrevíamos a hacer o a decir porque justamente teníamos miedo del ridículo, de la soledad y de la tristeza de saberse solo.

La decepción y la desilusión guardan en su interior el potencial de abrirnos a nuevas cotas de autonomía interior y a espacios de mayor profundidad humana, si aprendemos a tratarlas de manera amistosa.

Por ello, cuando sientas decepción, desilusión o cierto grado de desintegración, dudas, confusión, es bueno que te des algo de tiempo, paciencia y amabilidad para transitar esas emociones sin tener que encontrarles una solución razonada, activa e inmediata. Puede que si te haces mas amigo o amiga de ellas te revelen nuevos caminos que desconocías, nuevas posibilidades y puede que te ayuden a limpiar tu mirada de los sesgos con los que mirabas la realidad anteriormente.

Un abrazo!




El fascinador “vendedor de motos”

Nos hemos topado con el término “fascinadores” leyendo el libro de Andrzej Lobaczewski titulado “La ponerología política: una ciencia de la naturaleza del mal adaptada a propósitos políticos”.

El autor, psicólogo polaco, junto con un equipo de colegas se arriesgaron a hacer investigaciones clandestinas sobre temas muy importantes relativos a la psicología humana en tiempos de la polonia comunista. Es en los entresijos del libro menciona, hablando de las caracteropatías (desviaciones patológicas del carácter humano) a los fascinadores.

monje & discipuloComo bien indica por sí sola la palabra “fascinador”, hace referencia a las personas cuyo carácter o personalidad, se ha orientado de una manera muy específica en lo referente a la interacción con los demás. Es el que te quiere “vender la moto”. Obviamente este perfil es bastante claro en muchas personas y hasta cierto punto común en nuestras sociedades ya que son estas personas las que sientan las bases de la industria del cine, amplios sectores políticos, diferentes áreas de la esfera social, la industria de la publicidad, etc…

En este artículo vamos a hablar de las versiones “refinadas” o “sutiles” de los caracterópatas fascinadores, ya que las estrategias que emplean muchas veces pueden pasar relativamente desapercibidas para muchos de nosotros, especialmente para aquellos cuyo sentido común, sentido de la crítica y escepticismo sano estén muy dormidos o aletargados.

Primero de todo, hay que entender que el fascinador opera bajo hipnosis egotista, es decir, cree, falsamente, que su cosmovisión, o la cosmovisión de su maestro, linaje, partido, equipo, grupo, congregación, religión, etc… son la única verdad y que todo el mundo debería vivir conforme a esa cosmovisión y que si no viven de esa forma es que son “estúpidos”, “dormidos”, “inconscientes”, “inferiores”, “menos evolucionados”, etc…

Esta creencia egotista distorsionadora que opera de base en los fascinadores (y subjetiviza radicalmente su visión de la vida), puede tener su origen en causas emocionales vinculadas al abandono en la infancia, episodios de aislamiento social en la adolescencia o temprana adultez, profundas sensaciones de exclusión social, etc. Entre sus múltiples causas también existen casos de daños en regiones epecíficas del cerebro que afectan el libre acceso de las personas a lo que llamamos “sentido común”. Algunos de esos daños son reversibles, gracias a la neuroplasticidad (capacidad del cerebro de regenerarse), siendo otros de ellos de muy difícil o imposible recuperación.

Los fascinadores que se han vuelto proselitistas de la visión de tal o cual persona, grupo u organización debido a causas de origen emocional, casos que, nos aventuramos a afirmar que seguramente sean la mayor parte de ellos, lo hacen, muy a menudo, debido a que es mucho más cómodo refugiarse en las enseñanzas, teorías y conocimientos de una tercera persona que provee de sensación de grupo y comodidad colectiva que no enfrentarse a la realidad uno solo. Es decir, un gran motor de estos casos se debe al miedo a la soledad y a sentirse abandonado.

Para implementar la agenda de universalización de su cosmovisión como única verdadera, el fascinador se vale principalmente de los siguientes elementos: su oratoria y despliegue circunstancial, la manipulación de las emociones de las personas a su alrededor a través del lenguaje y las experiencias propias, la estratificación, moralización explícita o implícita de su entorno, el misterio entorno a ellos  y el efecto halo (que ya lo presentamos en este otro texto).

Vamos en detalle con cada una de ellas:

El tema de la oratoria: a través del lenguaje el fascinador emplea términos que por ejemplo pueden ser desconocidos por su interlocutor (quizás tecnicismos, palabras de otros idiomas, etc…) sin explicar su significado, generando en su interlocutor una impresión de diferencial de conocimiento negativo (“yo sé cosas que tu no sabes, no te las voy a explicar en detalle, solo quiero que veas que yo las sé y tu no”). No suelen contestar con claridad a las preguntas, especialmente a aquellas que inciden sobre la terminología que emplean y si llegan a hacerlo, a menudo contestan usando nuevos términos que son ambiguos o desconocidos para su interlocutor. A menudo, esta estrategia es solo un refugio para evitar mostrar la carencia de fundamento de lo que exponen o su falta de conocimientos reales al respecto.

Los fascinadores temen al lenguaje natural, el lenguaje común de las personas, ya que les pone al mismo nivel que ellos. Y aunque sea necesario usar terminología específica, temen que alguien les diga: “no entiendo lo que estás diciendo, ¿podrías explicarlo?” ¿por qué? por que no saben explicarlo realmente, porque la cuestión para ellos no consiste en que entiendas, ni sepas nada realmente, sino que la cuestión es que compres o hagas lo que a ellos les interesa.

El despliegue circunstancial: batas blancas, trajes, vestimentas “especiales”, complementos de todo tipo, color y tamaño,  tonos de voz impostados y teatralizados, rimbombantes e incluso misteriosos e hipnóticos. También puede haber maneras sutiles de colocarse físicamente, de mostrarse masculino o femenina, espiritual o exitoso, feliz o “conectado”, ciertas expresiones de lenguaje corporal cuyo principal rasgo es que se repiten a menudo, especialmente delante de sus interlocutores, denotando que se trata de bucles repetitivos. [Está muy estudiado el fenómeno que ejerce el lenguaje corporal sobre las personas, por ejemplo cuando una persona lleva gafas y se las quita de determinada forma, causa un impacto de “erudito y de persona con muchos conocimientos” arrojando una posible falsa impresión de su saber y su saber hacer sobre la percepción de sus interlocutores].

La manipulación de las emociones del o de los interlocutores: este proceso es especialmente importante, consiste en que para poder “insertar” su cosmovisión egotista en la mente de las personas a su alrededor para sus propios intereses, primero tiene que hacerlas sentir pequeñas, menos valiosas, más estúpidas, menos evolucionadas, menos conscientes o lo que fuere. Pero ha de hacerlo de una manera no muy directa, ya que perdería su negocio, su religión o sus “activos”. El truco consiste, pues, en introducir los contenidos mezclándolos con experiencias propias, en las que se da a entender que el fascinador es alguien tiene una experiencia que los demás no tienen, que sabe, puede hacer, etc y que los demás a su alrededor no son distintos a el o ella y que si quieren pueden llegar a ese estado, conocimiento, liberación, iluminación, felicidad, alegría, vitalidad, conexión, etc… si siguen las instrucciones que le serán proporcionadas.

Esta es una herramienta especialmente poderosa del fascinador, ya que hace sentir pequeños a sus interlocutores, pero no les hace sentir pequeños sin solución ni remedio, sino que les induce un estado de vergüenza para acto seguido decirles mas o menos implícitamente: “no te preocupes, que aunque aún no seas lo guay que soy yo, podrás alcanzarlo si me compras la moto”.

La estratificación en este contexto del fascinador es una técnica que usan para categorizar (en general de maneras muy implicitas) sus diferentes tipos de interlocutores entre los más susceptibles de comprarles la moto y los que no lo son tanto y usarles entre ellos para polarizar el ambiente entre “los que saben, entienden, y están más esto o aquello” y los que “todavía” no han alcanzado el punto de los primeros, así juegan vendiendo motos de diferentes tamaños y precios a los diferentes estratos.

De esta forma el fascinador puede jugar también con las lealtades de los interlocutores para ponerles los unos en contra de los otros, para potenciar sus ventas, su agenda de difusión egotista o sencillamente para hacer crecer más su negocio o culto. Es el funcionamiento del “divide y vencerás”.

Generar misterio y efecto halo, podríamos llamarlo “las guindas del pastel” porque son la verdadera especialidad de los fascinadores, es en lo que son verdaderamente expertos. Son expertos en hacerte creer que son algo que no son, que tienen algo que tu no tienes, que viven de una manera que tu no vives, que sienten de una manera en la que tu no sientes, que perciben cosas que tu no puedes percibir. Cuando llevan décadas de práctica pueden llegar a ser realmente buenos y en muchas ocasiones totalmente inconscientes del juego que están llevando a cabo y consiguen sistemáticamente lo que sea que les interese que tu te creas y compres.

Hasta aquí la explicación sobre los fascinadores. Ahora, ¿qué es lo que uno puede hacer frente a este tipo de personas (con este trastorno adquirido) y este tipo de caracterópatas (con este trastorno producido por daño cerebral o transmisión genética) ?

Seguramente haya muchísimas más, pero las que más importantes consieramos son las siguientes:

– Relacionarse con personas de diferentes estratos, culturas, paises y grupos sociales, para ir dándose cuenta de lo estrecho que es el mundo que plantea el fascinador como “mundo ideal”, “moto ideal”, “vida ideal”, “manera de hacer el amor ideal”, “manera de comer ideal”, “manera de ser ideal”, etc…

– Poner en tela de juicio, primero individualmente, los axiomes o fundamentos sobre los que se sustenta el conocimiento que el fascinador transmite. Es decir, tomarse el tiempo de investigar los temas uno mismo, buscar las fuentes, entender lo que se trae entre manos a nivel de temario y ver la validez o sesgo que tienen. Una vez hecho eso, plantear individual o colectivamente las cuestiones discrepantes que se hayan podido encontrar al fascinador y observar su contestación frente a estos temas. La contestación que recibamos por su parte puede ser muy esclarecedora sobre él y sus verdaderas intenciones.

– Tomarse el tiempo de explorar los miedos de ser rechazado por el grupo de interlocutores “convencidos”, de quedarse solo, de saberse en una posición incómoda o confundida. es decir, no huir de las emociones subyacentes, sino encararlas con paciencia y apertura.

– “Echarle huevos” a preguntar cuando no se entienden las cosas, más que callarse y asentir sin entender, entrando más y más en los estados de vergüenza que provoca “el no entender” y “no saber de qué se está hablando”.

– Tener en cuenta que desarrollar un pensamiento crítico propio y un sentido de escepticismo sano son herramientas válidas e importantes al enfrentar aspectos teóricos o con contenido de conocimientos.

– Aprender a darse cuenta de cuales son los elementos que a uno mismo le provocan que cierto tipo de persona nos resulte especialmente fascinante y el grado en que esa fascinación restringe o anula nuestra propia capacidad de pensar, discernir y actuar de manera autónoma.

Como conclusión os sugerimos que cuando estéis confundidos ante alguien que pudiese ser o no un fascinador, os déis tiempo para entenderos a vosotros mismos y para entender al otro. El pensamiento y el criterio propio se construye poco a poco y requiere de tiempo, cosa que muchos fascinadores en realidad no quieren dar a nadie. Mantenerse en contacto con la realidad de los hechos suele ser una gran ayuda cuando se observa a alguien. A menudo ocurre que tras cierto tipo de discurso “mágico” los actos contradicen parcial o totalmente al fascinador.

Por último os invitamos a daros cuenta del hecho de que cuando rendimos nuestra individualidad al fascinador, nos volvemos sus marionetas y nos situamos en una tesitura de víctimas, mientras que en todo momento podemos desarrollar nuestro conocimiento, cuidado y acciones para mantenernos libres y despiertos. De cada uno de nosotros depende.

Un abrazo

Marko y Caroline




Modelo de la experiencia humana (Reseteando la cosmovisión (II))

Tal y como prometimos, en esta segunda parte vamos a abordar el modelo que hacemos servir en EFAC como orientación para movernos por la vida, sin embargo, con el paso del tiempo, el modelo que finalmente presentamos es bastante más ambicioso en contenido que el original. Lo hemos llamado modelo de la experiencia humana.

Antes que nada, consideramos importante presentar un modelo, porque pese a que un modelo no deja de ser una abstracción, sirve como orientación y para ayudarnos (si está correctamente planteado) a ubicar elementos en nuestras vidas que hasta la fecha no entendíamos o no supiesemos situar en su contexto.

Primero, hablemos de la realidad objetiva. Aunque nos pueda sonar vagamente el término realidad objetiva o verdad, solemos tener ideas encontradas o condicionadas por la religión o doctrinas similares que están basadas en actos de fe.

Cuando hablamos de realidad objetiva nos referimos al conjunto de hechos ocurridos en el pasado y que ocurren en el presente, tal cual ocurrieron y tal cual ocurren. Por ejemplo, la realidad objetiva de tu propio nacimiento. La realidad de tu nacimiento es justamente todos los hechos entorno a tu nacimiento que ocurrieron en la realidad compartida de las personas involucradas y en su interior en los momentos en los que estabas viniendo al mundo, exactamente de la forma en que ocurrieron.

Para seguir con el ejemplo y ser más específicos, podemos decir que es el conjunto de circunstancias vitales en las que estaban involucrados tus padres o solo tu madre o como fuera, las palabras exactas que se pronunciaron en los momentos exactos, los sonidos que sonaron cuando sonaron al tiempo exacto en el que sonaron y así todos los elementos que configurasen esos momentos precisos.

Puedes tener más o menos datos exactos de lo que ocurrió, puedes tener más o menos acceso a esos hechos mediante testimonios de personas o testimonios materiales (grabaciones, vídeos, fotos, etc) pero es innegable que ocurrió, que es el pasado y que no se puede cambiar, estás aquí y eso se debe a que en un momento determinado X naciste exactamente de la forma en que naciste, esa es la realidad objetiva, la Verdad.

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Sanando nuestra relación con la mente y los pensamientos

A continuación os pegamos un texto que está circulando por las redes sociales que servirá muy bien a nuestros propósitos. Lo usaremos para refutar los falsos axiomas, sobre-simplificaciones y falacias que conforman el culto a la “no-mente”: (subrayaremos numeraremos las afirmaciones que debajo estarán refutadas y comentadas)

LOS PENSAMIENTOS NOS ALEJAN
Cuando pensamos algo acerca de algo o alguien le interponemos una distancia.(1)
Sacar conclusiones, definir, etiquetar, juzgar, criticar o admirar, no es más que pensamientos; sean positivos o negativos, producirán un alejamiento porque dejan fuera al objeto observado.(2)
La contemplación pasiva y silenciosa es un canal de conexión profunda con las cosas y personas.
Todo pensamiento surge de prejuicios o ideas preconcebidas, es una proyección del propio ego que necesita defi-nirlo todo. Pero cuando no hay pensamientos surge la conexión, la unidad, la fusión con aquello que se observa. (3)

Justamente en los pensamientos están alojados todos los materiales necesarios para construir nuestros infiernos.(4)

El paraíso está en la desidentificación con los pensamientos. (5)
En lo que pensamos acerca de las cosas y personas están los secretos de nuestros problemas de relacionamiento.

A todo lo que se hagas o crees basados en pensamientos, le seguirá la sombra del juicio, la decepción y la división.

A todo lo que hagas o crees, basado en tu conciencia y sensibilidad, le seguirá la luz de tu presencia divina. (6)

Con todo lo que te relaciones sin pensamiento, te sucederá el fenómeno maravilloso de la unidad, la comprensión y la gratitud.
Puedes relacionarte desde la inocencia para recuperar la pureza de tu ser, pero deberás vivir al margen de los pensamientos. (7)

Primero de todo, el hecho de que para redactar este texto, la persona ha tenido que hacer uso de sus facultades mentales, incurriendo ella misma en las cuestiones que en él cataloga como negativas o indeseables ya muestra la importancia que tienen los pensamientos y el uso de la mente en nuestras vidas.

(1) Es un hecho evidente que meramente por pensar no aumenta la distancia entre el pensador y el objeto pensado: yo sigo a dos metros del vaso que estoy observando, piense o no sobre él.

(2) Es cierto que cuando tenemos prejuicios, pensamientos o conclusiones precipitadas sobre cualquier cosa, persona o evento y estamos identificados con estos pensamientos, puede darse el caso de que nuestra percepción se vea distorsionada y nuestro comportamiento se vea influido por esa identificación de maneras en las que nos dañan y en las que no estamos en contacto con la realidad objetiva, sin embargo, es falso afirmar que el objeto queda apartado por el hecho de hacer uso de las capacidades de la mente, ya que sin las mismas capacidades a las que se hace alusión estaríamos incapacitados tan siquiera para percibir sensorialmente el objeto. Por otra parte, es una capacidad del humano estar relacionándose con la realidad objetiva y sostener al tiempo pensamientos acerca de ella que no necesariamente tienen por qué influir en su actuar, sino a ayudarle a profundizar en la realidad percibida a través de sus facultades de pensamiento, investigación y razonamiento avanzadas.

(3) Esta frase es un dogma de fé, no se sustenta sobre la realidad de los hechos. El pensamiento es una herramienta, una capacidad, puede ser o no ser útil y su uso puede ser negativo o positivo dependiendo de su contenido y del grado de identificación que la persona tiene con él, en ningún caso el pensamiento es per se una cuestión de ego, ya que es una herramienta que puede o no servir al ego, la cuestión radica en el uso o abuso de esta herramienta, no en su naturaleza misma. (es como afirmar que el destornillador es malo por naturaleza, el uso que le demos puede ser bueno o malo, dependiendo del humano y la circunstancia).

(4) Dogma de fé. De nuevo es confundir naturaleza con uso: el hecho de que yo tenga pensamientos destructivos o negativos no necesariamente significa que actúe en base a ellos, para eso está mi capacidad de discernimiento y mi capacidad de apegarme más o menos a los pensamientos que tenga. Es cierto que si me identifico absolutamente con los pensamientos negativos puedo actuar basándome en ellos y crear situaciones que podríamos llamar de infierno, sin embargo, ello se debe al uso que hago de esos pensamientos, ya que podría perfectamente si así lo quiero, usar esos mismos pensamientos para hacer cosas que sean de provecho para mi y mi entorno, es una cuestión del uso que doy a mi contenido mental.

(5) Para las personas que se identifican crónica y profundamente con sus pensamientos, llevar a cabo acciones que les aquieten la mente y las desidentifiquen parcialmente de sus pensamientos es positivo y les puede aportar mucha serenidad, paz y perspectiva. Para las personas que no usan sus capacidades intelectuales, avanzar en la desidentificación de los pensamientos propios genera entropía y supone cesar de utilizar su potencial y en ningún caso puede realizarse tarea de mínimo esfuerzo sin el uso de los pensamientos y la mente. De nuevo se “mete en el saco” todo junto: enfermedad y cura al mismo tiempo.

(6) La construcción de un puente se basa en pensamientos y no necesariamente supone división, ni juicio ni decepción. Escribir estas frases y razonarlas no necesariamente supone división, juicio ni decepción. Realizar cualquier actividad que involucre la mente y los pensamientos como base sobre la que actuar no significa necesariamente juicio, ni decepción, afirmar eso es sencillamente un prejuicio y una generalización que no se ajusta a la realidad de los hechos.

(7) Tan solo para percibir la unidad que se menciona hace falta de las capacidades mentales y perceptivas, así mismo como para comprender, ya que la comprensión se fundamenta en la consciencia que es la capacidad de detectar patrones y significados en los eventos que vivimos y extraer o no aprendizajes de los mismos. Además equiparar inocencia con ausencia de pensamiento es una falacia, ya que una persona puede ser inocente y pensar al mismo tiempo. Una cosa no necesariamente excluye a la otra.

Como seres programables que somos en nuestra naturaleza, tenemos una cantidad de opciones muy grande entre las que elegir. El pensamiento es una de nuestras facultades, que nunca podemos dejar de usar (mal que le pese a muchos) ya que el mero percibir está conectado a nuestro sentido de la interpretación de la realidad en base a nuestro condicionamiento a través de los sentidos y la mente. Sin embargo, podemos tener una relación sana con nuestra mente y nuestros pensamientos, una relación en la que valoremos lo que la mente es capaz de ayudarnos a resolver, de la misma forma que podemos apreciar los nefastos efectos que tiene el uso de la mente cuando sus contenidos son falsos y el apego a ella es fuerte.

Queremos con todo esto transmitir la noción de que tenemos una valiosa herramienta para usar, la mente y los pensamientos son importantes, tal como lo son las emociones y los sentimientos y la acción en la realidad interior y exterior compartida, os animamos a hacer un uso responsable de vuestras capacidades, teniendo en cuenta de entender como funcionan y usarlas con equilibrio y sabiduría!

Un abrazo para todos.




Realidad y percepción, entrevista en Ondas y Radios 2000

A continuación os compartimos la última entrevista que nos han realizado a finales de este mes de Mayo en ondas y Radios 2000 y de paso agradecemos enormemente a Antonio Salazar que nos haya invitado y dado la oportunidad de hablar de cuestiones que consideramos muy relevantes para entender mejor la naturaleza humana y el devenir de los comportamientyos y acciones del hombre y la mujer.

Esperamos que os sea de la mayor utilidad posible:

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